“Prefiero que me coman los perros”, cruda obra de teatro que reflexiona sobre culpas, apariencias y libremercado

Sorprendente e intensa, “Prefiero que me coman los perros” es una propuesta teatral audaz. La escenografía (a cargo de Belén Abarza) propone un espacio de espejos en el que no sólo es posible estarse viendo a sí mismo, sino que -muchas veces- “creer” que uno se ve a sí mismo.

Y la historia (dirigida por Jesús Urqueta) desarrolla una radiografía cruda de un espacio poco reconocido hoy en día, en el que la vida personal y profesional suele resumirse en etiquetas. Ya no sólo de marcas comerciales, sino que de redes sociales.

El texto (a cargo de la joven y reconocida dramaturga Carla Zúñiga) construye un cuadro complejo en el que los personajes van resquebrajándose poco a poco, en la medida que las evidencias de la realidad van haciendo su trabajo pulcro, pero “sucio”. Porque la vida parece disfrutarse en un espacio de mentiras, más que en las certezas.

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Cuando la realidad aflora, vienen los desencuentros morales, psicológicos, sociales. Aflora la máquina del sistema, que atropella a los individuos. Y es que la obra también esconde significados. Como el espejo de la escenografía, juega a reflejar y a esconder.

La ex parvularia Eugenia (Nona Fernández) es una mujer solitaria, escondida y fracasada. Carga a cuestas no sólo un obscuro secreto laboral, sino que también una pésima relación con su padre (Cristián Keim), quien -a pesar de estar muerto- habita en ese espacio paralelo que la profesora básica se construye para sobrevivir.

La psicóloga que la atiende (Monserrat Estévez) es una profesional aparentemente intachable, que -en realidad- de sí misma entiende menos que de sus pacientes. Eugenia busca obsesivamente a la experta en salud mental, pero ésta lo único que quiere es escapar de su paciente. Tienen muchas cosas en común. Demasiadas.

La voz paterna imaginaria proveniene del espejo -en una dinámica que para los mayores de cuarenta recuerda, en parte, clásicos radioteatros como “Confidencias de un espejo”- parece ser un faro de verdad. Ante una realidad asfixiante, hay que mirarse en el espejo. La guía paterna está en uno mismo, parece que es la idea.

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Pero -en rigor- no todo es tan real. Hay también un deseo subconsciente que busca salidas. La verdad también puede ser una fantasía. Hay que matar al padre.

Sin duda, “Prefiero que me coman los perros” es una obra jugada, que no otorga concesiones. A veces exagera el discurso y la escena suena verborreica, aunque sin perder el sarcasmo. En otras exagera los ruidos, aunque construyen con eficacia esa atmósfera asfixiante en el que se vive hoy. Precisamente, aquella en cuyo centro las pastillas esconden la realidad porque pocos quieren asumirla como es.

La inquieta propuesta teatral es una obra que debe verse, aunque -sobre todo- deber ser conversada y desmenuzada después. Si eso ocurre, sigue habiendo esperanzas…

* Ficha artística

Dirección: Jesús Urqueta
Dramaturgia: Carla Zúñiga
Actuación: Nona Fernández, Monserrat Estévez, Cristián Keim y Nicolás Zárate.
Diseño de vestuario: Tatiana Pimentel
Diseño de espacio e iluminación: Belén Abarza
Diseño sonoro: Álvaro Pacheco
Diseño gráfico: Javier Pañella
Producción: Ana Cosmelli
Realización de escenografía: Manuel Morgado
Video: Eduardo Bunster
Fotografía: Andrés Lagos
Prensa: Carlos Bonomini

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* Coordenadas

Clasificación: mayores de 12 años.
Temporada: desde el 04 al 27 de agosto.
Funciones: viernes y sábado a las 21:00 hrs. y domingo a las 20:00 hrs.
Lugar: Teatro del Puente, Parque Forestal s/n, Santiago (Metro Estación Baquedano; estacionamientos pagados en Bellavista 052; ciclovía a la puerta).
Venta de Entradas por sistema Daleticket, valores: $6.000 general, tercera edad: $4.000, estudiantes: $3.000
https://ticket.dale.cl/entradas/es/Prefiero-que-me-coman-los-perros

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