Elecciones en Chile: Encuesta, escucha, ándate a la…

El resultado de las elecciones en Chile entrega un crudo baño de realidad a todos los sectores políticos. Por de pronto, la decisión del PS de no apoyar al ex presidente Ricardo Lagos para una primaria de la Nueva Mayoría tiene raíces profundas y se comprueba no tan equivocada.

Tímidas voces “viudas” de Lagos comentaron en algunos espacios políticos al saberse los resultados de la primera vuelta (Sebastián Piñera, 36%; Alejandro Guillier, 22%; y Beatriz Sánchez, 20%) que él hubiese tenido mejor comportamiento electoral.

Sin embargo, los números de las elecciones entregan una foto de la realidad que aún muchos no quieren entender.

Las parlamentarias que también se efectuaron este domingo dejan afuera a insignes figuras de la Concertación clásica (Osvaldo Andrade y Camilo Escalona, en el PS; Ignacio Walker y Andrés Zaldívar en la DC; Jorge Tarud, en el PPD) y, por el contrario, potencia a parte de la generación posterior de esas colectividades (Álvaro Elizalde en el PS; Ximena Rincón en la DC; y Marcelo Díaz en el PS), además de muchos rostros distintos (Emilia Nuyado en el PS, Yasna Provoste DC, Carmen Hertz en el PC).

Los números indican una decisión clara de los electores: la vieja transición y sus gestores vuelven a sus cuarteles. Ricardo Lagos en ese escenario no tenía por dónde mejorar las cosas.

El baño de realidad llega también para las encuestas, sin duda, las grandes derrotadas en esta elección. Y si a eso se suma la orquestada información que a partir de ellas destacan los medios y que se modelan a través de “respetados” expertos y analistas en grandilocuentes columnas, lo cierto es que se van dando señales de que las cosas parecen no ser sólo simples casualidades.

Todo el sistema mediático se sostiene en las encuestas, cuyos insumos son cada vez más lejanos a la realidad. Y esos contenidos son los que se difunden por la TV, la radio, la prensa escrita y en muchos medios web. Todo, por cierto, formando parte de una gran falacia.

Llega con justicia la hora de preguntarse si esa mirada tan distinta de la realidad entre los medios y lo que la gente vota es sólo mala suerte o malas decisiones. Aquí hay claros indicios de haber “gato encerrado”.

Nadie estimó que por -primera vez en casi tres décadas de recuperarse la democracia- iba a conformarse el parlamento más diverso del que se tenga antecedente. Ni los Carlos Peña, ni los Jorge Navarrate, ni los Max Colodro –por citar sólo algunos connotados expertos de la plaza- intuyeron algo así.

No puede ser que los más entendidos no sean capaces de preveerlo. Por el contrario, sus permanentes columnas dan la espalda a lo que la sociedad está pensando y parece que sus intentos van por convencerla de lo contrario.

Las encuestas –con suerte- previeron el lugar que los candidatos presidenciales iban a ocupar en el resultado final. Un acierto muy Pírrico, por decir lo menos, frente al avance de las tecnologías y las metodologías de estudios de opinión pública.

¿Cuánto de sus porcentajes equivocados no influyen en mal-informar a la gente? ¿Cuántos seguidores de Beatriz Sánchez -por ejemplo- sintieron que estaba todo perdido al ver el 8% que le “prodigó” la encuesta CEP y no fueron a votar el domingo 19 de noviembre? Y todo eso pasa gratis. No hay responsables, no hay formas de recomponer el daño hecho.

En lo único que Ricardo Lagos parece no haberse equivocado es en subrayar que el Frente Amplio comete un grave error al confundir dónde están sus adversarios. Varios de sus dirigentes están por negarle la sal y el agua a Guillier y a la Nueva Mayoría. Una actitud así los ubica más cerca de una dinámica tipo Meo: un espectacular ascenso y luego una estrepitosa caída.

La aspiración por fortalecer el Frente Amplio que tienen sus dirigentes como una opción propia y con aspiración masiva, es absolutamente legítima. Pero su entrada a la política no se da en un ambiente que no requiera decisiones complejas. Deben hacerse responsables por recoger lo que la mayoría de los votos pide: que no haya un gobierno de derecha.

Lo obtenido por Sebastián Piñera (2.414.837 de votos), más lo que suma José Antonio Kast (522.762), no llega a lo que el ex mandatario obtuvo en la primera vuelta del año 2009: la suma del domingo es de 2.937.599. La vez anterior, en cambio, atrajo 3.074.164 votos.

Los números hablaron con crudeza, dándole una bofetada a encuestas, medios y columnistas: casi 3.300.000 electores no quieren un gobierno de derecha. Y eso sin contar los votos de Carolina Goic (387.493). Si se le suma a la cifra inicial la mitad de los votos de la candidata DC, se llega a casi 3 millones y medio de votos.

Eso no quiere decir necesariamente que todos vayan a votar por Guillier en segunda vuelta. Pero sí manifiestan claramente su opción por la centro izquierda e –incluso- por los grandes lineamientos del actual gobierno. Aspectos que, por cierto, también forman parte de las críticas que se hacen a través de las “encuestas”.

Las urnas hablaron con claridad. Los medios, las encuestas y los columnistas no pedirán disculpas por sus diagnósticos tan distintos a lo que la realidad señala.

Los neo poderes fácticos siguen en su tarea de imponer en Chile algo que la mayoría no quiere, pero el momento llama a que los verdaderos ganadores de la elección sean capaces de minimizar la fragmentación y subrayar los aspectos que los unen.

Los neo poderes fácticos van a jugarse por sembrar cizaña bajo el viejo manual de Cortapalos que invita a “dividir para gobernar”.

Por cierto, el gran diálogo de centro-izquierda no tiene que transformarse -necesariamente- en un gobierno conjunto. Pero sí en un acuerdo marco. Y que sea el parlamento –hoy mucho más representativo que antes- el lugar en el que se diriman, potencien y mejoren las leyes que Chile necesita.

Las encuestas deben irse un rato largo a donde se merecen.

0 Comments

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*