Libro “Por las grandes Alamedas” rinde homenaje a Aníbal Palma, ex ministro de Allende

“El martes 11 de septiembre de 1973, Aníbal Francisco Palma Fourcade fue uno de los pocos que llegó hasta el Palacio de La Moneda para acompañar al Presidente Salvador Allende en el postrer testimonio de la defensa de la libertad en Chile. Fue uno de los que estuvo presente cuando el mandatario hizo su último discurso, ese que hablaba de las Grandes Alamedas”.

Así se lee en la introducción al libro “Por las grandes Alamedas”, editado y compilado por el periodista Víctor Osorio en el que se recoge el registro de la crónica histórica del ex ministro de Educación del presidente Salvador Allende, Aníbal Palma.

Para el momento del golpe de Estado, Palma “aún no cumplía los 35 años, su cumpleaños lo pasaría como prisionero político el 31 de octubre y había sido un cercano colaborador del mandatario socialista. Por ello, la prensa lo había bautizado El Pibe”, recuerda Osorio en el texto.

El libro contiene un total de cuarenta documentos producidos en un período levemente mayor a las cuatro décadas, entre abril de 1972 y octubre de 2013. El trabajo, puesto a disposición del público por Ediciones UTEM, contiene discursos en sus tiempos de secretario de Estado en los años aciagos de la Unidad Popular, reflexiones teóricas para aproximarse a un balance de esa experiencia desde el exilio y luego en tiempos de transición, denuncias y llamados a la acción en tiempos de lucha por la democracia en los 80.

Por allí emergen también materias de importancia para comprender las horas actuales, como los debates de los años 80 sobre la naturaleza del Partido Radical y el modelo de salida a la dictadura, cuando Palma tomó como siempre una inequívoca posición en el vértice izquierdo de la sociedad democrática.

“Son escritos de singular valor histórico y testimonial de tiempos, conductas, acciones, omisiones, reflexiones, inquietudes, ideas de y para la polis; política con ideas –que las hubo– con pasado y sobre todo con futuro, tan lejanas a la izquierda que busca su utopía en las nostalgias o aquella que cual Adán cree ser el inicio de todo, pero con wifi”, señala Osvaldo Puccio, ex ministro del presidente Ricardo Lagos, en su prólogo del libro.

Puccio y Palma acompañaron a Allende la mañana del 11 de septiembre de 1973 y luego continuaron juntos en Isla Dawson y otros campos de concentración. Hoy destaca el valor del trabajo en una coyuntura, sentencia, en que “probablemente una de las más notorias carencias de las nuevas camadas en la política sea una enciclopédica ignorancia de la propia historia y circunstancias en que se desenvolvieron los hechos, en donde la visión de las cosas se hace tributaria de un provincianismo vulgar de la consigna y la autorreferencia reflejada en una manera de comunicar tan narcisista como miope”.

El libro constituye un “recorrido vertiginoso”, dice Puccio, de “un protagonista privilegiado de las décadas probablemente más intensas de la historia de Chile”, como dice Puccio.

“¡Chile exige respeto a su soberanía!”

El abogado Aníbal Palma Fourcade fue una de las personalidades más emblemáticas del gobierno de la Unidad Popular y del pensamiento socialista democrático. Fue apodado “el Pibe”, entre otras cosas, pues ocupó importantes cargos cuando era muy joven: primero fue Subsecretario de Relaciones Exteriores y después estuvo al frente de las carteras de Educación, Secretaría General de Gobierno y Vivienda.

El libro pone a disposición textos especialmente notables. Por ejemplo, el discurso que Aníbal Palma pronunció en 1972 en Washington, cuando era subsecretario de Relaciones Exteriores, representando la posición chilena en la Conferencia de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Frente a las evidencias de intervención de Estados Unidos en la política interna chilena y las abiertas hostilidades desencadenadas por la nacionalización del cobre, señaló Palma: “Preocupación principal del gobierno de Chile la constituye el desenvolvimiento de nuestro proceso de liberación económica y de plena independencia política e irrestricto ejercicio de los derechos soberanos del pueblo. Por ello, en estos días, en que enfrentamos intentos de asedio y de presión política y económica, invocamos no sólo los principios y normas que rigen una convivencia internacional justa, abonados por el Derecho Internacional, sino el compromiso específico de los Estados soberanos”.

Mirando a los representantes de la Casa Blanca, aseveró: “Chile rechaza la acusación que, directa o veladamente, se le ha formulado por el Gobierno de los Estados Unidos de que su política en materia de nacionalizaciones vulnera el Derecho Internacional, y reitera que ha actuado y actuará en el futuro en plena juridicidad, condición que no pueden exhibir desgraciadamente quienes cuestionan nuestra política”.
Golpeando la mesa, concluyó: “¡Chile exige respeto a su soberanía!”.

Un documento impactante es la renuncia a su cargo de ministro de Educación, la que fue transmitida por cadena nacional de radio y televisión el 24 de septiembre de 1972, frente al incremento de los conflictos desencadenados por la oposición que controlaba parte del movimiento estudiantil secundario. Se recoge la intensidad de la confrontación política y social del período y los intentos que se realizaban desde el Gobierno para intentar frenar la polarización en curso.

“He resuelto renunciar a mi cargo de ministro de Educación. Esta es una actitud entera y exclusivamente personal (…) Si mi renuncia sirve para calmar los ánimos, para que vuelva la cordura, para que se eviten nuevos enfrentamientos, estoy tranquilo y ojalá que así sea. Me voy con mi conciencia muy tranquila. No sé cómo la tendrán los que han provocado esta situación”, señalaba.

Un documento que estremece es la carta que Palma envío desde el exilio en Alemania al diario “La Tercera” en agosto de 1978 para referirse a declaraciones del ex senador Julio Durán, con el cual había sido correligionario en el Partido Radical, para separarse en 1969 cuando el segundo optó por formar una fracción de derecha denominada “Democracia Radical”. A la fecha de la mencionada epístola, Durán era un duro partidario del régimen militar.

Durán había señalado en una entrevista a “La Tercera” lo siguiente:“Hoy vino a mi oficina una mujercita de Temuco que anda con su marido desaparecido, un señor Lobos, me parece. Bueno, el señor Lobos fue detenido en Temuco, lo pelaron ‘a guata’ y después lo dejaron en libertad, desde entonces está desaparecido. Yo no sé si se habrá ido con una ‘peuca’ o está escondido, o desapareció efectivamente”…

Palma le representa con evidente indignación que ese “señor Lobos” era diputado del PR, Gastón Lobos, electo por la Provincia de Cautín en las elecciones parlamentarias de marzo de 1973. Le indica: “Mi amigo y correligionario Gastón Lobos fue detenido en Temuco, por los militares sublevados el 11 de septiembre de 1973. Fue salvajemente torturado y sus aprehensores lo pasearon desnudo por las calles, con una metralleta entre las manos, por cierto sin municiones y con la cabeza afeitada. Esa es la última vez que se le haya visto. Nunca más se supo de él. A su esposa le dijeron que su marido había sido puesto en libertad. Nadie, sin embargo, lo ha visto jamás. Lobos está desaparecido como otros miles de campesinos, trabajadores y profesionales de nuestro castigado país”.

Hay también documentos polémicos, pero interesantes desde el punto de vista del análisis histórico, en que esboza elementos para un balance para la experiencia del Gobierno de la Unidad Popular, sobre todo en el ámbito de la educación y la cultura. Así por ejemplo, en una conferencia que impartió el 26 de junio de 1989 destaca que durante ese período “el Ministerio de Educación tuvo el porcentaje más alto del Presupuesto Nacional, alcanzando un promedio del 20%. El gasto per cápita en el rubro educacional durante el mandato de Allende subió a 54,08 dólares, el más alto en la historia de Chile”.

Añade que “se aseguró, además, matrícula para el ciento por ciento de los niños en la educación primaria, y recordemos que en dichas escuelas los alumnos recibían atención médica, medio litro de leche diaria, desayuno y almuerzo escolar gratuitos. En cuanto a la educación secundaria en 1973, el 52% de los jóvenes asistía a liceos, escuelas técnicas o institutos comerciales. No fue sólo eso: en 1970 había 126 mil alumnos no universitarios, ésta cifra llegó en 1973 a 593.000. De 79 mil alumnos universitarios que había al iniciarse el Gobierno, en 1973 la cifra alcanzaba 158.000”. Y subraya: “En agosto de 1973 el 37% de la población estaba estudiando o perfeccionando conocimientos”.

“En Chile floreció la actividad artística. Se fomentó la cinematografía, el ballet, el teatro, la música popular, ayudaron a cultivar nuestra propia identidad (…) Creció el interés por la lectura. Podemos recordar como en 1971, la Editorial Quimantú, fundada por el Gobierno de Allende, en dos años y medio publicó doce millones de volúmenes de 247 diferentes títulos, los que se vendían a precios populares y de esos 12 millones a la fecha del Golpe se habían vendido más 11 millones de libros, lo que es difícil superar. Esto resulta evidente cuando nuestra población escasamente excedía de los 10 millones de habitantes”, afirma.

En definitiva, un trabajo que ameritaba ser publicado y que resultará de indudable valor para todos los interesados en profundizar el conocimiento del decurso histórico de Chile en las últimas décadas. Un dato curioso es que Víctor Osorio también es un ex secretario de Estado, en este caso de la presidenta Bachelet, desempeñándose como ministro de Bienes Nacionales.

** Este libro se presenta el día miércoles 20 de junio de 2018 a las 19:00 horas en el Salón del Senado, ex Congreso Nacional, Morandé 441, Santiago. 

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