Silvio Rodríguez y su apuesta por «vivir sin tener precio»

Hace 26 años, Silvio Rodríguez inicia una aventura musical tríptica, intensa y cruda. En honor a su nombre completo, los discos «Silvio» (1992), «Rodríguez» (1994) y «Domínguez» (1996) constituyen una intensa instrospección vivencial desde Cuba.

A comienzos de los años 90 la Unión Soviética se desarma. De manera paralela e inexorable terminan también sus prodigiosos aportes económicos a las naciones amigas. Cuba comienza así su aciago devenir sola ante al mundo, enfrentando el embargo impuesto por Estados Unidos en la más cruda realidad.

El icónico compositor de la revolución verde oliva no se quedó atrás. La portada de «Silvio», por ejemplo, es impactante y simbólica. Una imagen a contraluz lo muestra mirando pensativo su mano izquierda. Tal como está/ba Cuba.

Esa potente tríada de discos de Silvio no sólo reflexiona en torno a lo que vivía/vive la isla, sino que también -de manera sincera y honesta- cómo reformular desde la caída un ideario de izquierda, en medio de un mundo que mira con indisimulada coquetería hacia el otro lado.

Silvio opta por observar la crisis cara a cara, sin echarle la culpa a nadie. En uno de sus temas escribe «Tocando fondo nací un buen día/ tocando fondo ando todavía» («Tocando fondo»), mientras que en otra plantea decidido: «Dirán que pasó de moda la locura/ dirán que la gente es mala y no merece/ más yo seguiré soñando travesuras/ acaso multiplicar panes y peces» («El Necio»).

El cantautor acerca sus pasos hacia Chile. Para algunos puede ser sólo un promotor del comunismo, pero para un oyente más atento, sofisticado y moderno, Silvio es una mirada inquieta, que representa en cierto sentido a ese cubano medio que encuentra agradable el arroz con frijoles, pero no todo el año.

En uno de sus últimos discos, el compositor opta por una mirada más íntima, quizás hasta sentimental. Pero con una postura clara frente a la actualidad: «Demasiado tiempo, demasiado sombra, demasiado sol, demasiada boca, demasiada voz, demasiado azul, para que mi deseo quepa en un solo destello de luz (..) Demasiados nunca, demasiados no, para tanta alma, para tanto sueño, para tanto amor» («Demasiado»).

El artista habla desde una Cuba cercana a la oficial, por cierto. Pero es una voz que hay que tomar en cuenta. Sus canciones son testimonio de un ánimo y de una voluntad cubana que hay que entender y atender.

En muchas instancias entienden eso: desde 1997 es Artista Unesco por la Paz y en 2006, por ejemplo, recibe el Premio Latino de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música de España. En 2007 la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, Perú -la más antigua de América- le confiere el título Doctor Honoris Causa. En 2010 se le permite entrar a Estados Unidos y realiza un memorable recorrido por diversas ciudades, planteando su mensaje «a tiempo y sonriente», como dice uno de sus clásicos («Resumen de noticias»).

A nivel interno, el compositor desarrolla una intensa vida artística por los rincones de Cuba. Desde 2008 participa en un grupo de artistas y escritores locales que recorre las cárceles, actuando y departiendo con reclusos. Desde finales de 2010 encabeza un grupo de músicos, escritores y artistas que hacen constante presentaciones en los barrios más necesitados de La Habana.

Claramente no podría calificársele en la corriente de Yoani Sánchez, pero con su arte es una contraparte serena de la mirada oficial.

No es un hueso fácil de roer para ninguno de los sectores que conviven en Cuba. En medio de la crisis más intensa, escribe «Abrió un negocio/ reanimando el ocio/ la desilusión./ Como turismo/ inventó el abismo/ la desilusión», mientras que en otro remata y avisa: «Yo no sé lo que es el destino/ caminando fui lo que fui/ allá dios, que será divino/ yo me muero como viví» («La desilusión»).

Mientras, a través de su blog Segunda Cita (en el que se presenta como «trovador nacido en San Antonio de los Baños, en 1946, hijo de Argelia y Dagoberto»), siempre está destacando ejemplos de buena convivencia, ofreciendo espacios para debatir sobre el futuro de su patria. También en su web Zurrón del Aprendiz.

Y es que la apuesta de Silvio siempre ha sido clara: «Será que la necedad parió conmigo/ la necedad de lo que hoy resulta necio/ la necedad de asumir al enemigo/ la necedad de vivir sin tener precio» («El Necio»).

 

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