La humilde feria de fanzines que se convirtió en el mega evento ComicCon de San Diego

Aunque hoy se olvide y sea un tema muy ondero, lo cierto es que durante muchos años el cómics y las historietas constituyeron un género muy mirado por sobre el hombro y sus cultores -ya sean autores o lectores- no eran más que un grupo de «nerds», preocupados de revistas para niños.

Es exactamente como miraban al dibujante Sheldon Dorf cuando en 1970, junto a otros amigos, se le ocurre la idea de reunir a los interesados en las revistas de «monitos» en una feria y sale a pedir apoyos económicos.

Se trataba, sin duda, de un sueño ambicioso. Y ante el cual muchos se rieron en su cara. Quizás dónde estarán esas personas hoy, cuando la Comic-Con de San Diego es considerada entre las cuatro ferias más importantes de su género en el mundo y reúne a casi 200.000 personas.

Antes de darle el palo al gato con su idea de feria de cómics, Dorf trabaja durante años en revistas, haciendo guiones y muy ligado al mundo del diseño, especialmente a la obra de Chester Gould en la tira diaria de Dick Tracy.

Sus conocimientos del personaje lo hacen un experto, lo que se concreta el año 1990 cuando es contratado como asesor especial de Warren Beatty en la adaptación cinematográfica del personaje.

En sus comienzos, el evento de San Diego fue una humilde feria de revistas y libros sobre cómics. El estoicismo de hacerla cada año movía a admiración en muchos, que cada vez creían que ese año era el último que se organizaba.

El punto de inflexión fueron los años 80, momento en el que las editoriales desarrollaron muchos proyectos y la fecha de San Diego comenzó a ser imprescindible para que resultaran exitosos. Luego se sumaron las películas y series ligadas a los personajes.

Todos entendieron que la ComicCon de San Diego había sido capaz, a la vuelta de los años, de darle un carácter de industria al gusto por los cómics y a otorgarle seriedad a su consumo.

Ahora, claro, seriedad es una palabra incómoda en el evento. Sobre todo si desde hace años se hace una costumbre asistir disfrazado y protagonizar las más variadas performances relacionadas al mundo del cómic.

Desde mediados de los años 90 la actividad es, definitivamente, un megaevento internacional que abarca videojuegos, cómics y cine de fantasía. Si bien la temática sigue ligada a las editoriales estadounidenses y a Hollywood, lo cierto es que cada vez hay más espacio para las creaciones de otros países.

No por nada la feria de San Diego es la cuarta a nivel mundial en su tipo, tras Comiket de Japón, Angoulême Comics Festival de Francia y Lucca Comics and Games de Italia. Y, definitivamente, es la primera de Estados Unidos y de América.

Anualmente genera un impacto económico anual de casi US$200 millones.

La edición 2018 comienza oficialmente este jueves 19 de julio y continúa por cuatro días. Durante estas fechas cineastas, productores, artistas, vendedores y desarrolladores exponen sus trabajos o adelantos.

Chile es el único país de la región con un stand en la reconocida feria, el que cuenta con cinco representantes de la narrativa gráfica nacional: el ilustrador y humorista gráfico Alberto Montt; la ilustradora y artista del cómic Catalina Corvalán; el destacado dibujante y diseñador gráfico Germán Adriazola; y los editores Emiliano Navarrete y Óscar Salas, representantes de las editoriales Biblioteca de Chilenia y Dogitia Publishing, respectivamente.

La idea es seguir destacando a la narrativa gráfica chilena a nivel internacional, considerando la importancia del evento que se efectúa anualmente en San Diego. El stand va a dar a conocer los proyectos editoriales desarrollados en los últimos años, los que han alcanzado a nuevos lectores, atraídos especialmente por la diversidad y calidad de las producciones nacionales.

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