El Pique Chela: Los restos de una historia de éxito y traición en el desierto chileno

En medio de la oscuridad, mi mente iluminó todo y viajó al pasado para imaginar a un par de extranjeros sentados en la orilla de la piscina. Sus rostros rojizos curtidos por el sol, su pelo amarillo y lleno de tierra a la vez, la barba crecida, la piel seca, con sus canillas y pies en el agua, mientras bebían beer y brindaban por sus compatriotas que se desangraban en la Primera Guerra Mundial.

Ahí, en una fría noche de invierno de 2018, frente a un agujero rectangular en el suelo, de unos 12 por 6 metros, lleno de basura y polvo, tengo la certeza de que hace cien años ingleses y otros extranjeros y sus familias eran de los pocos que tenían acceso a una piscina que era un lujo a fines del 1800 y comienzos del 1900, en el Desierto de Atacama, el más árido del mundo.

Sigo divagando. Seguramente llegaron a descansar y disfrutar una jornada recreativa en el Pique Chela, desde donde se extraía agua, vital elemento para soportar la vida y explotar el salitre de un sinnúmero de oficinas en el cantón Bolivia o también -como luego fue conocido- cantón central.

El control de la salida del agua desde las entrañas de la tierra, les permitía -además- organizar una especie de camping con piscina y quinchos para hacer asados en este lugar que tuvo mucha vida y miles de personas pasaron en esos años por aquí.

Hoy, mientras la luna avanza para esconderse por el Oeste, sólo las estrellas y el viento compiten con las luces de los vehículos que pasan casi rozando sus límites, sin verlos, sin imaginarlos.

Cuando se viaja por la Ruta 25, desde Calama hacia Antofagasta, doce kilómetros después de pasar el pueblo de Sierra Gorda, al sur-poniente, se alcanzan a ver las ramas secas de varios árboles de lo que fue alguna vez un pequeño oasis, de no más de 4.000 metros cuadrados.

“Cheers!… From the God damn Atacama desert”

El Pique Chela, como es conocido el lugar, está a unos 300 metros de la carretera y -junto a troncos y ramas secas- hay un par de edificaciones menores. De día, pasar sin notar este sitio es más habitual de lo que uno cree. Por la noche, simplemente desaparece.

De acuerdo a Sergio González, del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat, en su artículo “El cantón Bolivia o central durante el ciclo de expansión del nitrato”, en la edición número 39 de la Revista Estudios Atacameños Arqueología y Antropología Surandinas, de 2010, el término cantón se usó desde los inicios del ciclo salitrero en la región de Tarapacá para identificar las pampas salitreras donde se instalaban las oficinas de explotación de este mineral. En Chile, hubo más de una veintena de cantones en el Norte Grande.

Según este académico, el cantón central pasó de ser el menos importante de los cinco distritos salitreros (Tarapacá, Tocopilla, Antofagasta, Aguas Blancas y Taltal) a uno de los más significativos durante la historia de la explotación del salitre en Chile.

Fue tempranamente explotado por la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta y su actividad económica fue la causa del litigio que provocó la Guerra del Pacífico. Además, no siendo el cantón con mayor producción, fue el primero cuyo ferrocarril tuvo una proyección internacional.

Mientras camino con cuidado en medio de una noche cada vez más fría, recuerdo que este mismo estudio de Sergio González se refiere a los avances tecnológicos en la producción del salitre aplicados en este cantón, que le permitieron una mayor y mejor proyección cuando la crisis de 1930 comenzaba a golpear las puertas de las oficinas del norte de nuestro país.

Tomo mi cámara y trato de que parte de este Pique Chela quede impregnado en astrofotografías. Antes de irnos, me acompaña mi amigo Ulises Neder, miro finalmente hacia la piscina para ver a los ingleses alzar sus vasos de cerveza y exclamar con una mezcla de amargura, tristeza y pedantería, “Cheers!… From the God damn Atacama desert”.

“¡Salud!, por todas las almas que siguen aquí”, contesto mientras Ulises me mira extrañado y yo recuerdo a todas aquellas personas que dieron sus vidas en medio de estas llanuras desérticas, el sol implacable y la desesperanza, luego de ser engañadas por empresarios avaros, traicionados por sus gobernantes y aniquilados por su propio ejército.

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