Por qué el libro “Nuestros vecinos”, del año 2007, conserva las claves para una armoniosa relación fronteriza de Chile

La política vecinal de Chile ha estado alimentando con frecuencia los titulares de prensa durante los últimos años. Problemas de gas con Argentina, las peticiones de salida al mar de Bolivia y los asuntos limítrofes con Perú son sólo la punta del iceberg.

Lo cierto es que el país podrá dar un efectivo salto en su camino al desarrollo, sólo cuando logre establecer relaciones inteligentes, proactivas, renovadoras y estratégicas con sus vecinos más cercanos, ya que cualquier vía que se salte esta puerta estará condenada al fracaso sino logra afianzar una amistad permanente con países con los que deberá convivir siempre, especialmente en un mundo globalizado e integrado como el de hoy.

Mucho de esto logra entenderse a cabalidad con la lectura de un libro que si bien no es reciente, ofrece una rica óptica para entender las reales dimensiones del desafío. Se trata de la publicación “Nuestros vecinos”, editado por Ril Editores el año 2007.

Es una compilación de varios trabajos elaborados en un taller multidisciplinario que se llevó a cabo en el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile durante el año 2006. En él participaron profesionales de distintas áreas, países y organismos de análisis, nutriéndose de encuentros con personeros diplomáticos, empresarios, intelectuales, uniformados y expertos en las más diversas materias.

La verdad es que era algo muy decepcionante que una experiencia así quedara perdida en el tiempo. Gracias al esfuerzo de los profesores Mario Artaza y Paz Milet es posible respirar tranquilos, puesto que quedaron para la posteridad –pero por sobre todo- para su acuciosa lectura, más de 500 páginas de un libro sorprendentemente aportativo, renovador y –lo mejor- ameno, en el que se proponen diversas claves para encontrar –finalmente- una vital y básica: el mundo actual invita al desarrollo de vínculos creativos, dejando atrás atavismos patrioteros o conceptos trasnochados que sólo implican cerrar los ojos a la realidad.

Realismo quirúrgico

Y es que Chile necesita urgentemente vías poderosas para lograr ese objetivo: siendo un país extremadamente pequeño y lejano, la mayor de sus opciones de desarrollo en los últimos 25 años ha sido la apertura comercial, que hoy lo tiene ligado a casi el 60 por ciento del PIB mundial gracias a unos 70 tratados internacionales.

Sin embargo, si bien se trata de una política correcta, resulta incompleta si –entre otros aspectos de importancia, como una real inversión en la calidad de la educación y una mayor estimulación de la innovación científica y tecnológica- no establece, además, una hoja de ruta refrescante y vital en materia regional, específicamente con sus países limítrofes: Argentina, Bolivia y Perú.

Cabe hacer notar que durante los gobiernos de la Concertación, Chile logró solucionar –para bien o para mal- la mayoría de los diferendos con Argentina, los que llevaban siglos dando vueltas. Con ello se puso una lápida a posibles conflictos bélicos, con todo el costo humano y económico que significan.

Es por eso que, tal como se llegó a esa impronta, resulta imprescindible que ocurra lo mismo con las otras naciones allegadas. Mejorando, claro está, todo lo que haya que mejorar, buscando siempre el mejor punto de equilibrio.

Uno de los caminos posibles es el pragmatismo, como real signo de los tiempos. Pero no uno cualquiera, sino que uno realmente informado y quirúrgico en su análisis, que permita –rápidamente- establecer fortalezas y debilidades en los acuerdos alcanzados.

Las negociaciones son siempre necesarias. Sin ellas se llega a conflictos que –en la raya para la suma- inevitablemente implican pérdidas y gastos mayores, al corto, mediano y largo plazo, tanto en vidas humanas como en recursos económicos. En ese sentido, la larga experiencia diplomática del mundo es evidente. La actualidad también es profusa en demostrar este axioma.

Una cosa es clara, eso sí: en toda negociación se pierde y se gana. El juego es que lo primero duela lo menos posible gracias a lo segundo.

“Nuestros vecinos” divide su entrega de ensayos críticos por países. Así, se desarrollan nueve trabajos en torno a la relación con Argentina, once con respecto a Bolivia y doce relacionados con Perú. En todos hay espacio para establecer análisis serios y desapasionados en torno a la historia de los conflictos, a los desafíos más amplios y complejos existentes en áreas como migraciones, posibilidades de desarrollo común de la energía, necesidades de una perspectiva amplia hacia los tópicos de seguridad y defensa, cooperación entre las instituciones y la importancia de la ciudadanía en el potenciamiento del encuentro.

“Verás como quieren en Chile”

Caminos de encuentro es la vía principal. La diplomacia sigue siendo uno de los últimos tabú en el que los gobiernos actúan, supuestamente, “a nombre de todos”, pero jamás haciendo participar de ninguna forma a la ciudadanía. Menos consultándola.

Si bien deben establecerse equilibrios entre los deseos populares y el análisis más frío de las autoridades, resulta imprescindible hoy la generación de algún tipo de diálogo entre ambas partes.

Nadie lo planteó desde algún espacio oficial, nadie lo advirtió desde algún púlpito institucional, pero miles de peruanos comenzaron a llegar a Santiago desde mediados de los años 90. Hoy han logrado virtualmente rebautizar un trecho de la calle Catedral, cerca de la Plaza de Armas de la capital chilena, como una verdadera “Pequeña Lima”.

Diversos estudios de migraciones previeron este escenario, pero nadie nunca dijo nada. Al menos públicamente. Lo mismo pasó luego con los colombianos, los haitianos y los venezolanos.

Entonces, lo más superficial que ocurre ante esto es que –por un lado- muchos chilenos se sientan amenazados con la llegada de tantos extranjeros dispuestos –por ejemplo- a trabajar por salarios menores a los legales. Pero, por otra parte, las autoridades dicen a través de los medios que se buscan las mejores salidas diplomáticas para analizar los conflictos.

Una de las cosas que debe mejorarse ostensiblemente si se quiere construir una novedosa política vecinal es darle una vuelta de tuerca a cómo se incorpora a la ciudadanía en ese proceso.

Si no existe una orientación desde las instituciones es complejo pedirle “comprensión” a la gente con respecto a determinadas situaciones. En un escenario moderno, resulta perfectamente posible advertir diversos flujos migratorios, por ejemplo, de manera de generar con cierta anticipación espacios de convivencia entre quienes llegan y quienes los reciben.

A pesar de que una popular canción dice “y verás cómo quieren en Chile, al amigo cuando es forastero”, lo cierto es que siempre la llegada de otro ha sido vista como una amenaza y no como una posibilidad de crecimiento. Ese temor es evidentemente atávico y extremadamente asfixiante. Se hace urgente el desarrollo de ópticas más contextualizadoras, que permitan ver los puntos realmente importantes. Y ese impulso debe venir -o al menos ser estimulado- desde las instituciones.

Política vecinal potente

“Nuestros vecinos” tiene ese mérito invaluable: genera miradas renovadoras, realistas, pero fuera de toda alarma. Es del año 2007, pero parece ser editado esta semana. Con datos, con un excelente procesamiento de diversas informaciones, permite ver el bosque exactamente allí donde los árboles lo han escondido hace demasiado tiempo.

Quizás la única falencia que podría anotarse es la falta de miradas que consideraran a los medios de comunicación como parte importante del proceso de convivencia. Mal que mal, la gente de a pie convive más con los medios que con las autoridades, por lo que también resulta muy vital la integración de los medios de comunicación en el desafío de potenciamiento regional.

Si bien todos los ensayos son altamente recomendables por su amplitud, especial mención debe establecerse con tres de ellos: “Propuesta para una política cultural conjunta con Argentina” (del profesor chileno Eduardo Devés y su colega argentino Pablo Lacoste), “El proceso de integración cultural entre Chile y Bolivia” (de la reconocida historiadora chilena Loreto Correa) y “El ayer y el mañana de la relación con Perú y Bolivia” (del destacado periodista José Rodríguez Elizondo).

En ellos se simbolizan los caminos nuevos y realmente profundos que deben seguirse para construir una política vecinal potente, efectiva y –sobre todo- duradera. Son los caminos que deben abrirse.

** “Nuestros vecinos”/ Mario Artaza Rousel y Paz Milet García, editores/ Ril Editores – Instituto de Estudios Internacionales, Universidad de Chile/ Santiago, 2007.  564 páginas.

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