Un peligro evidente: democracidio y democratura

(*) Óscar Heredia Vargas

La democracia tiene un secreto: su “juventud inextinguible”. Esa juventud que la hace vulnerable ante los intereses mezquinos de quienes empodera, que de alguna manera es aprovechada por los que tienen el poder del anillo mágico, según se lee en «Hobbit y el señor de los anillos».

El filósofo español Fernando Savater dice que “en nuestro planeta, por ejemplo, no hay un anillo que haga invisible y conceda poder a quien lo lleva, aunque hay en cambio una cosa llamada ambición se le parece bastante”. El reconocido autor enfatiza que “quien se pone el anillo mágico de la Tierra Media se siente más fuerte que otros y escapa a sus miradas, pero si se descuida acaba poco a poco dominado por la joya y convertido en refractario de todos los demás seres: Quiere ser muy poderoso y termina convertido en aprisionado malintencionado. La ambición emborracha con una especial sensación de superioridad y borra a los otros de nuestra vista, de tal modo que dejamos de ver a nuestros semejantes y creemos que ellos tampoco pueden vernos como lo que somos”.

La democracia en teoría nos permite disfrutar de las instituciones políticas y civiles que proyectan profundos horizontes de gobiernos democráticos. Como se menciona en el libro «Refundar la Política»: “Los “bienes políticos” de la democracia actual ya no seducen en sí mismos. Las elecciones limpias, la pluralidad de partidos, la separación de poderes y los derechos civiles y políticos exigen una especie de cuarta generación de empoderamientos democráticos. La banda sin fin de irregularidades, ilegalidades y casos abandonados a la impunidad”.

Así entonces nos enfrentamos a que la democracia “una vez establecida debe descubrir y combatir a su peor enemigo: ella misma”.

Con la propaganda, los gobernantes hoy tratan de convencernos que vivimos en democracia real; con la propaganda nos muestran héroes en el gobierno; con la propaganda nos muestran su propia interpretación de la leyes; con la propaganda nos dicen que las bases les han dado el consentimiento para ser gobernadas; con la propaganda pretenden hacernos creer que la soberanía está en el pueblo; con la propaganda pretenden cambiar la historia de la luchas.

Aquí está el embrión del pensamiento de los gobernantes que aprovecha de la vulnerabilidad que tiene la “juventud inextinguible” de la democracia: Instrumentalizan los mecanismos democráticos; buscan el poder absoluto bajo el pretexto de cumplimiento de las leyes; gobiernan arbitrariamente según la voluntad y capricho del caudillo; quieren un partido único con un único líder carismático; alimentan el ciego afán de poder sin restricciones con la promulgación y modificación de las leyes a su libre albedrio.

Entregan alguito de democracia, algo de despotismo, algo de tiranía, algo de totalitarismo y algo de dictadura. O sea, casi nada de democracia y mucho de lo otro. ¡Cuidado! La democracia ya no es democracia porque ya no les sirve.

(*) El autor es docente emérito de la Universidad Mayor de San Andrés (Bolivia).

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