Eduardo Acuña, de la Fundación Batuco Sustentable: “Quien provoque daños ecológicos, debe ponerle fin a su proyecto económico”

Comenzó siendo un grupo de entusiastas que buscaba tomar conciencia frente al humedal de Batuco, ubicado a unos treinta kilómetros hacia el norte de Santiago, en la comuna de Lampa. La mayoría de ellos había llegado a vivir a la zona recientemente.

Se organizaron en diversos grupos hace una década y hoy se constituyen en una importante agrupación que no sólo trabaja por el desarrollo de una cultura ecológica, sino que también se han convertido en expertos sobre el tema.

La Fundación Batuco Sustentable es una organización que surge desde el propio interés ciudadano, desmarcándose de posiciones políticas. Evidentemente tienen una crítica severa y un claro interés por desarrollar.

La crítica es al sistema económico que impera en el país. Eduardo Acuña, ingeniero ambiental y presidente de la entidad, lo explica así: “Nuestro modelo de desarrollo económico es esencialmente extractivista, con bajo valor agregado, por lo que ´meter máquina´ a los recursos naturales es algo normal bajo este equivocado prisma. Se trata de una idea que debe ser cambiada urgentemente”.

Y su interés: “Buscamos un proceso de educación formativa y valórica –no sólo de instrucción- que cambie el paradigma actual. Claro que es importante tener madera, papel, barras de cobre, pero también es importante pensar en qué le estamos dejando a nuestros nietos”.

Lo atractivo es que han descubierto que tal como ellos, son muchos los grupos de ciudadanos que en el país han centrado su mirada en la protección del medioambiente. Gracias a las redes sociales y a los avances de la tecnología han podido tomar contacto, formando una activa Red Nacional de Humedales.

La entidad ya ha organizado potentes encuentros en diversos lugares del país, activando una voz conjunta frente al tema que ya está discutiendo legislativamente en el congreso nacional. Hasta allí han podido llevar sus puntos de vista.

Se trata de un aspecto esencial. Como explica Acuña: “Si bien de izquierdas a derechas saben que hay que proteger el medioambiente, nuestro sistema político obedece de manera importante a intereses económicos y financieros”.

El papel de los humedales es esencial en el ecosistema natural del planeta, ya que funcionan como “cunas de diversidad biológica”, desarrollan regulación hidrológica y biogeoquímica, además de ser potentes corredores biogeográficos en el que conviven especies de regiones tropicales, subtropicales y templadas que aportan una gran diversidad de ambientes, flora y fauna.

Constituyen también un espacio vital para las aves y su complejo sistema migratorio, ya que funcionan como efectivas “estaciones de recarga y mantención” en sus constantes viajes anuales.

¿Cómo evalúan su trayectoria como fundación y la manera en que se toman en cuenta hoy los temas relacionados a los humedales?

– Partimos siendo un grupo de vecinos que compramos terrenos en la zona, especialmente porque tenía un atractivo entorno natural. Por eso mismo, surge tempranamente el interés por colaborar en su mantención. Muy luego también comenzamos a ser testigos de las graves deficiencias que existían sobre este tema en el territorio, especialmente con el daño que se produce en el humedal entre los años 2004 y 2005, originando la muerte de un número importante de aves.

Es debido a ese hecho que decidimos organizarnos para cumplir labores de vigilancia, coordinándonos con el municipio de Lampa. Junto a eso apoyamos el trabajo de tesistas que venían a investigar al lugar y también a establecer denuncias ante los problemas importantes. Se trataba de una zona claramente desprotegida y despreocupada por parte del Estado.

La organización ha ido evolucionando desde el comité Defendamos la Laguna, luego el grupo Totoral de Batuco y posteriormente nosotros, manteniendo siempre un mismo perfil: vecinos que defienden las características naturales de este territorio. Actualmente contamos con un activo sitio web y nos hemos ido transformando en un interlocutor válido.

Es así, por ejemplo, que nos invitan a participar en diversas mesas de trabajo público-privadas y en el Plan de Acción 2005-2010, siempre aportando con propuestas serias, muy lejos del caudillismo o del populismo. Nos inspira el bien común, sin ninguna motivación política. Nos hemos sentado a conversar con distintos gobiernos y autoridades. Quizás por eso mismo hemos sido invitados hasta el Congreso, en donde hemos dado a conocer nuestras propuestas.

¿Es a partir de esa dinámica que es posible desarrollar una organización nacional en torno al tema de los humedales?

– Se trata, en verdad, de un aspecto primordial. La Red Nacional de Humedales se conforma a partir de una treintena de organizaciones muy similares entre sí, surgidas desde el interés ciudadano. Aunque no todas las personas sean especialistas en el tema, sí la mayoría somos profesionales muy entusiastas.

A nivel legislativo, actualmente se discuten en el país dos leyes que nos interesan: Humedales urbanos y humedales nacionales, con un plan global de protección. Esto nos habla de que ha habido una positiva evolución sobre el tema: De existir un total desconocimiento, en una década hemos logrado explicarle a la gente qué es un humedal.

Aquí en Batuco, por ejemplo, hemos logrado cambiar la manera en que se hacen las cosas. La sustentabilidad y los temas del medioambiente se relacionan con el día a día de las personas, no son temas lejanos. Tampoco nos interesa la “egología”, somos defensores de la ecología territorial. La gente hoy recorre nuestra laguna por senderos especiales, no dañando la flora y fauna el sector.

Sin ánimo de vanaglorias, la laguna de Batuco está viva gracias a la tarea que hemos desarrollado. Hemos hecho denuncias y alertas a los servicios públicos, hemos seguido los estudios de impacto ambiental, hemos exigido cambios en la empresa privada para que reformule su forma de producir. Y eso mismo se ha repetido en el país con instancias similares a la nuestra.

Es importante enfatizar que la salud de los humedales constituye la piedra angular del desarrollo nacional. Sin humedales no hay agua, sin humedales no es posible realizar –por ejemplo- procesos mineros y forestales. Por eso, no protegerlos generaría una importante crisis eco-sistémica. No sólo nos privaríamos de una evidente belleza paisajística. También nos privaríamos de la alimentación, al no contar con desarrollo económico.

Se trata de un tema muy esencial para el país y por eso es vital que nos hayamos podido organizar como Red Nacional de Humedales.

Una forma de graficar todos estos logros es explicando un poco cómo encontraron al Humedal de Batuco y cómo se encuentra ahora…

– Efectivamente. Lo cierto es que tomamos el humedal muy dañado, muchas veces seco. No existía ningún informe acerca de lo que ocurría con él. Fíjate que se han provocado importantes daños a la Laguna de Batuco sin autores, “nadie” los ha provocado. Eso ahora no ocurre. Sabemos lo que pasa en cada rincón del lugar. Muchas personas nos informan día a día con imágenes, videos y documentos. Esa es la vía que hemos seguido.

La celeridad de nuestro actuar se relaciona con dos aspectos específicos: por un lado, la ayuda que nos han dado los medios de comunicación; y por otro, la eficaz dinámica de los mecanismos de transparencia. Hemos pedido explicaciones o hemos enviado preguntas a los ministerios respectivos, se han demorado meses, pero nos han dado respuestas.

Los servicios públicos saben con quiénes están hablando. No somos sólo un grupo de personas “gritonas”, nos hemos convertido en interlocutores técnicos también. Inclusive, ofreciendo soluciones a lo que ocurre.

Este aspecto es el que se ha repetido con otras agrupaciones ecológicas en Chile. Se parte con confusiones, dudas y molestias, evolucionando hacia una visión sistémica del territorio. Eso ha ayudado a que las inquietudes, soluciones y conversaciones avancen hacia propuestas que puedan ser –efectivamente- escuchadas y llevadas a la práctica.

¿Cuáles son los pasos siguientes que buscan darle al humedal y cómo estiman que se va ir avanzando en ellos?

– Como lo comentamos, hemos apoyado a muchos tesistas que han estudiado el humedal y también hemos desarrollado investigaciones junto a universidades. Todos los expertos comparten en darle un tremendo valor ecológico al territorio.

El humedal hoy es Zona de Interés Turístico Nacional; cuerpo lacustre aprobado por la Dirección General de Aguas (DGA); sitio prioritario de la Zona Metropolitana; de acuerdo al plano regulador es Zona de Protección Ecológica; de acuerdo al Servicio Agrícola-Ganadero (SAG) es zona libre de caza; y ahora está integrada al Plan Nacional de Protección de Humedales.

Hemos querido también integrar el humedal al Ramsar, que es un tratado internacional suscrito por Chile, pero topamos con un punto importante: se requiere la voluntad del propietario.

El humedal está dentro de un terreno privado. Ha sido una relación muy compleja, ya que la genética con respecto a lo ecológico no ha sido la misma que tenemos los vecinos. Pero también ha habido una evolución en este aspecto. Nuestro centro hoy es hacer del sector un Santuario de la Naturaleza.

Desde el punto de vista legal, lo cierto es que la biodiversidad es un aspecto más importante que la propiedad. Los servicios eco-sistémicos obran por el bien nacional común. La idea es que cerca de 700 hectáreas del sector puedan ser consideradas como un santuario natural.

Estamos hablando de la Laguna de Batuco junto a un “amortiguador ecológico” alrededor que es la zona donde llegan un número importante de aves como gansos andinos, gaviotas de Franklin, gaviotas dominicanas, aves playeras y golondrinas chilenas, entre otras especies.

Es un trabajo muy intenso el que hemos hecho, el que hemos contado con el apoyo de varios servicios públicos, ong´s y universidades. Estamos a punto de entregar el expediente al consejo de ministros, vía ministerio de Medio Ambiente, para su evaluación.

En su momento, tuvimos el apoyo de la propia ministra Marcela Cubillos –cuando estuvo a cargo de esta cartera- por lo que consideramos que esa palabra ya está empeñada de manera institucional.

Y desde el punto de vista más global, ¿cuáles son los principales desafíos que enfrentan los humedales en el país y cómo se avanza en el ámbito legislativo en este tema?

– Tres son las principales razones por las que los humedales del país están dañados: fraccionamiento ecológico, minimización del ecosistema y cambio de uso de suelo. La desidia política, la ignorancia de algunas personas y –por qué no decirlo también- la codicia de varios que generan daño a la naturaleza a sabiendas, considerando con mayor importancia la ganancia económica, forman parte de una problemática mundial, no sólo nacional.

Sin embargo, este cuadro se ha visto muy exacerbado en Chile. Nuestro modelo de desarrollo es esencialmente extractivista, con bajo valor agregado, por lo que “meter máquina” a los recursos naturales es algo normal bajo este equivocado prisma. Se trata de una idea que debe ser cambiada urgentemente, incorporando al desarrollo de la economía la concepción de minimizar los daños a la naturaleza.

Es una tarea compleja. Hasta ahora no existe una ley de humedales y es algo que recién se está tratando a nivel parlamentario. Si bien de izquierdas a derechas saben que hay que proteger el medioambiente, nuestro sistema político obedece de manera importante a intereses económicos y financieros.

Por ejemplo, tenemos un Código Minero que no dice nada sobre los humedales, tenemos una Ley Forestal en que se paga para drenar humedales o leyes urbanísticas que aceptan el loteo en sectores de interés ecológico. La Ley de Base del Medioambiente más la Ley de Humedales que se quiere sostener colisionan con el modelo.

¿Y qué hacer ante eso? ¿Existen alternativas?

– Es complejo, pero buscamos un proceso de educación formativa y valórica –no sólo de instrucción- que cambie el paradigma actual. Claro que es importante tener madera, papel, barras de cobre, pero también es importante pensar en qué le estamos dejando a nuestros nietos. Puede que haya riqueza en la cuenta corriente, pero va a haber pobreza en el paisaje. Y no desde una perspectiva de belleza escénica, sino que considerando la suma del ecosistema y las personas.

¿Qué va a pasar con Chile? Difícil lo que viene. Los estudios de impacto ambiental muchas veces sólo son actos de buena voluntad. Y por eso surgen territorios que exhiben sumatoria de daños como Quinteros y Mejillones. En Punta Arenas quieren construir caminos cerca de zonas ecológicas. Y en Concepción, el humedal Los Batros es un lugar protegido por la ley, pero el ministerio de Obras Públicas autoriza una carretera que pasa justo al medio.

Hay colisiones evidentes. Hay que encontrar un espacio que proponga un modo distinto para ver el desarrollo de Chile. No nos faltan leyes, nos falta voluntad. Y en ese esquema, también hago una autocrítica: somos consumidores que participan de este tipo de economía. Se viene una crisis hídrica que compromete a las personas y también a las industrias: a nadie le conviene que el modelo siga sin desarrollar una mirada sistémica.

Lo básico sería que si se promulgan leyes, se trabaje también en la voluntad para cumplirlas, generando todas las capacidades para que el Estado pueda fiscalizar. Por ejemplo, la DGA cerca de cuatro inspectores para el Área Metropolitana. Es decir, desde la frontera con Argentina hasta Melipilla. Es una evidente pauperización de los servicios públicos. ¿Quién hace ese trabajo? ¿El sector privado?

Debe existir certeza en torno a una idea clara: quien provoque daños ecológicos le pone fin a su proyecto económico. Un señor bota residuos mineros en un río y le hacen “na-nai”. Los pocos miles de millones que le cobran, al final, resultan ser casi una caja chica de las altas ganancias que obtienen.

Estamos en medio de este tipo de colisiones: por un lado, personas que respetan los territorios y buscan un Chile sustentable; y, por otro, muchas personas tienen aún una mirada cortoplacista del desarrollo económico. Hay que seguir educándolos y generar acuerdos entre ambos sectores.

¿Hacia dónde apunta –específicamente- el concepto de “autocrítica” que mencionaste?

– A que todos tenemos responsabilidades. Si la señora, el caballero, el niño o el joven ve por la TV el problema de Quinteros, lo extraño es que luego no trepide en prender la estufa contaminante; quemar la basura; barrer y no sólo regar con agua; comprar productos contaminantes. Hay que generar responsabilidad no sólo en los empresarios. También ente las personas.

Pensamos que estas organizaciones ecológicas surgidas desde la base ciudadana colaboran a un proyecto colectivo que tiene la virtud de recomponer el tejido social de Chile y, a partir de eso, potenciar una reconstrucción solidaria de la comunidad.

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