“Artistas, locos y criminales”, el vital libro de Osvaldo Soriano que cumple 35 años

Aunque han pasado tres décadas y media de su primera edición, el universo narrativo y periodístico que refleja y revela el escritor argentino Osvaldo Soriano en las crónicas de “Artistas, locos y criminales” no sólo continúa vigente, sino que sigue erigiéndose como un atractivo camino a seguir para las nuevas generaciones.

El autor trasandino es dueño de una de las plumas más originales y certeras del periodismo latinoamericano y leerlo siempre es un placer, pues construye un mundo novedoso, lleno de personajes entrañables y exóticos que estimulan la imaginación de quienes se enfrentan a sus textos.

Autor de siete novelas y cuatro antologías de crónicas y relatos personales, el narrador encuentra en este último género su mayor aporte a las letras, aunque -en rigor- los estudiosos aún no llegan a un acuerdo sobre este tópico.

Para algunos no sólo es un gran periodista, sino que un encumbrado escritor de ficción. Mientras que para otros, sin negarle su atractivo para escribir, subrayan que sus coberturas de lo cotidiano son mejores.

En lo que sí existe consenso, es que Soriano le da un nuevo aire a la literatura argentina, con su fuerte mensaje en contra del capitalismo y el libremercado, además de su cariño por los perdedores, los desamparados y todos aquellos que buscan -por sobre todo- la justicia y la igualdad en este valle de lágrimas.

En “Osvaldo Soriano, una contrautopía posmoderna” (Ril Editores, 2004), el profesor de literatura de la Universidad de Chile, Cristián Montes, subraya que -al contario de como lo descalifica la crítica académica- la obra del escritor argentino «revela una lúcida percepción de la sociedad contemporánea y una capacidad innegable de intuir el estado espiritual del momento que vivimos”.

Pero si aún se concediera la idea catedrática de que Soriano fuese un «novelista menor», la obra periodística del narrador fallecido en 1997 lo ubica como un «cronista mayor», demarcando un terreno en el que su pluma mágica no tiene límite para re-crear la realidad que le toca vivir con destellos de talento puro.

Los perdedores de la vida y de la historia

En “Artistas, locos y criminales” (Bruguera, 1984), los antihéroes se toman las páginas para celebrar a Laurel y Hardy, Chaplin o al mitológico pugilista José María Gatica. Incluso, las peripecias en California del propio Soriano se respiran con avidez en la crónica “Tribulaciones de un argentino en Los Ángeles”, quizá la serie de relatos mejor logrados de la antología.

Hasta el prólogo de la publicación resulta fascinante. Ahí el inquieto trasandino cuenta sus motivaciones para reunir estos textos, destacando al mítico diario bonaerense La Opinión –en el que originalmente se publicaron casi todos- y a la figura de su director, el también mítico Jacobo Timerman, con quien mantiene una larga relación de afecto y rabia.

“La Opinión –escribe Soriano- es, en su mejor época, un diario de lujo para una élite de profesionales e intelectuales liberales o de izquierda (…) su creador Jacobo Timerman tiene una teoría: Se necesita a los mejores periodistas de izquierda para hacer un buen diario de derecha”.

“Integrar el equipo de Timerman –continúa el cronista- es motivo de orgullo profesional: por primera vez una redacción reúne a los periodistas más célebres de Buenos Aires, aquellos que han estado en Primera Plana, en Confirmado, en El Mundo y en otros intentos de hacer un periodismo diferente”, escribe Soriano.

Unos años después, el autor forma parte de la creación de un nuevo nombre mítico entre los diarios argentinos: Página 12. En él, Soriano profundiza con pasión en su senda de buenas crónicas.

Vigencia intacta

El arte de lo apócrifo -que el autor argentino desarrolla con especial capacidad- marca su obra y esta característica también reconoce haberla aprendido de Timerman.

Otras colecciones de relatos notables de Soriano son “Rebeldes, soñadores y fugitivos” (1987), “Cuento de los años felices” (1993) y “Piratas, fantasmas y dinosaurios” (1996). Todas tienen en común, aparte de la afilada pluma de este cronista, cierta nostalgia, ternura y cariño por los derrotados por la vida o por la historia.

Sin embargo, es en “Artistas, locos y criminales” donde el escritor amante de los gatos consigue su obra más lograda. Y que, a poco más de treinta años desde su aparición, mantiene intacta su vigencia y se constituye en lectura obligatoria de las escuelas de periodismo y para el público que quiere gozar de una historia original y bien escrita, algo que tanto se echa de menos por estos días.

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