Cineasta chileno David Albala habla sobre su película Pacto de Fuga: «Este filme me representa absolutamente»

El periodista, productor y cineasta David Albala exhibe una poderosa mezcla de resiliencia y talento. No sólo demuestra lo primero con la manera decidida en la que asume el accidente que lo deja en silla de ruedas el año 2002, sino que -además- en la forma que enfrenta sus proyectos artísticos: fiel a los procesos, sin saltárselos, cumpliendo de manera eficiente cada etapa.

De lo segundo, en tanto, es cosa de ver su trabajo. Su primer documental («Perspecplejia», 2005) es una mirada cruda, original y certera sobre la temática de la discapacidad en Chile y de cómo las personas insisten en mirar este tema desde varios puntos de vista menos del que importa: a cualquiera le puede pasar y por eso lo mejor es generar una mayor conciencia y una inclusión expedita y natural. Con este proyecto realiza una serie de TV y publica un libro, tras lo cual decide cerrar la cobertura de este tema.

Comienza otra fase hace unos siete años, con un proyecto ambicioso, a partir de una idea que le viene dando vueltas durante casi tres décadas. Y tal como lo hizo con su documental, su ópera prima en ficción también lo tiene en la cresta de la ola. Los estudios internacionales Fox se fijan en el proyecto y piden ser los distribuidores exclusivos del filme en América.

Cuando logra estrenarse en Chile (luego de tener una primera fecha en octubre de 2019, que debe ser pospuesta por el Estallido Social, finalmente se presenta en enero de 2020), la película supera los 200.000 espectadores durante las pocas semanas que alcanza estar en los cines del país, antes de que la pandemia obligara a cerrar las salas de exhibición. El trabajo audiovisual genera comentarios en todo el país, las redes sociales literalmente explotan con el entusiasmo de quienes ven el filme y lo comentan. Luego es adquirida por la plataforma streaming Amazon y se ubica entre las más vistas en la región americana.

Es que, definitivamente, se trata de una película atractiva que funciona como reloj suizo. Hay mucho entusiasmo en que pueda entrar en la carrera por los Oscar. Sin embargo, lo mejor de «Pacto de fuga» es que es una clara muestra de lo que representa su director: risiliencia y talento.

Llevar adelante esta película te ha tomado varios años ¿de qué forma fuiste armando el proyecto, cómo surge el interés por llevar al cine esta historia en particular?

– Desde que en enero de 1990 me entero de la fuga de los frentistas, nunca me deja de sorprender. Ese mismo año entro a estudiar periodismo y tengo la intuición de que esta historia no me va a soltar. De hecho, me sigue dando vueltas durante mucho tiempo y cuando centro mi camino en el cine digo “voy a hacer una película sobre ésto”.

Nunca pude entender, por ejemplo, cómo se esconden más de cincuenta toneladas de tierra en una cárcel, cómo es posible excavar un túnel con un destornillador. Me empiezan a dar muchas ganas de ver una película que me cuente y me muestre eso. Ya estudiando cine en Estados Unidos, cuestiono por qué nadie ha hecho algo audiovisual con este tema en Chile.

Es cierto que en la historia del cine, en general, hay muchas películas sobre fugas, pero esta historia en particular tiene muchos matices y datos que la hacen especial: el contexto histórico, las decisiones ingenieriles que se toman, la gran operación política que implica.

Cuando regreso al país, vengo totalmente decidido a concretar la idea. Postulo a Corfo con la idea de desarrollar un guión y el primer tráiler, sin pensar aún lo que implica una producción cinematográfica. Hasta ese minuto me centraba sólo en desarrollar una historia. No miraba la escalera completa, iba peldaño a peldaño.

Luego, en términos de imagen, siempre tengo la idea de mostrar lo que estas personas son capaces de hacer. Por razones lógicas no hay registros visuales. Y eso es lo primero que imagino: un plano en el que se aprecie realmente la obra.

Pero el proyecto sólo agarra impulso definitivo cuando conozco a Raúl Blanchet, uno de los líderes de la fuga. Lo conozco en el 2015 porque me entero de que muchos de los participantes del túnel se reúnen en una cena para recordar lo 25 años del escape.

Averigüo dónde es. Y aparezco en el lugar. Sin más, sólo con patudez. Es el segundo piso del restaurant “Utopía” del Barrio Lastarria. Llego y pido hablar con alguien de la mesa. Raúl se acerca y le explico con toda mi inspiración. «Hola, soy director de cine y tengo muchas ganas de hacer una película con la fuga, porque lo que ustedes hicieron es -realmente- algo imposible». Raúl me queda mirando un rato y me dice: «Quédate a comer con nosotros». Bajan cuatro personas y me suben en la silla. Así es como esa noche comparto con muchas de las personas que forman parte de la fuga y me meto de lleno en el proyecto.

Ahí recién, entonces, comienza a perfilarse la idea hacia una película. Siguiendo con tu imagen, subes otro escalón…

– Claro. Y el tiempo sigue avanzando, eso sí. De hecho, pasa un año antes de que me junte de nuevo con Raúl. Entre otros motivos, él no cree que sea posible que hagamos una película con esta historia. Pero en ese período con nuestra productora pudimos armar un tráiler. Al verlo, recién puede decirse que Raúl engancha cien por ciento con la idea y se transforma en un consultor, como parte del equipo de trabajo.

La pre-producción comienza el 2017. Junto a Loreto Caro y Susana Quiroz trabajamos sobre un texto que habíamos sometido a script doctors -o consultores de guiones- quienes lo habían destrozado. Tomamos los vestigios que quedan y re-escribimos muchas versiones, veinticinco para ser exactos. Y esas veinticinco las hacemos con Raúl al lado.

Ya con la versión veintitrés el trabajo comienza a ser quirúrgico escena por escena. Son sesiones que están grabadas. Analizamos, conversamos y discutimos cada palabra. De ese ejercicio salen dos versiones más y por eso comenzamos a filmar con la número 25.

Incluso en rodaje hay algunas otras modificaciones. Algunos actores, por ejemplo, me preguntan si sus diálogos pueden ser dichos de otra forma. A veces se puede. La idea es respetar la estructura real del patrón de cómo se cruzan los tres tipos de personajes en acción: gendarmes, autoridades uniformadas y los presos políticos.

¿Cómo mantienes el entusiasmo de seguir adelante con esta idea que te atrapa por más de veinte años?

– Es que encuentro perfecto que «Pacto de fuga» sea mi primera película de ficción. Me representa absolutamente.

Raúl Blanchet me dice que de alguna forma somos parecidos. Me comenta que yo tengo que hacer un túnel todos los días para reconquistar mi libertad. Y no deja de tener razón. Fortalecer la voluntad nos lleva a él y a mí a seguir adelante por el camino que elegimos. Lamentablemente, Raúl muere antes de la edición definitiva de la película. Pero es parte esencial del proyecto.

Cuando estamos en el rodaje a veces se me acerca y me dice «Qué está buena la película» y yo le respondo «No me digas nada antes de ver la versión final». Hoy puedo decir qué bueno que me alcanza a decir todo eso, porque quedo muy tranquilo. Raúl ve la versión larga del filme, de algo así como de tres horas, sobre la cual fuimos puliendo y puliendo hasta dejarla en el tiempo definitivo actual. Por eso puedo decir que Raúl -efectivamente- ve la película.

Muchas de las propuestas recientes del cine chileno que han querido contar momentos históricos o biografías, se han encontrado con la mirada contraria de los críticos que se quejan de un –según ellos- “abusivo uso de las licencias artísticas”. Se quejan de que las películas «no son reales». ¿Tuviste en cuenta este tipo de consideraciones al momento de escribir o filmar?

– Una de los puntos que siempre tenemos claro en este proyecto es que si bien está «inspirado en hechos reales», tiene que incluir enlaces de ficción en medio del relato. Si no, no se puede contar como una película.

Evidentemente, la dramaturgia de ficción tiene que entrar en ayuda de la historia real. De hecho, ningún personajede «Pacto de fuga» se llama como alguno de los involucrados. Mezclamos rasgos de personas reales para construir personajes. Y, claro, hay datos fidedignos: la forma en que hacen el túnel, cómo guardan la arena, cómo se organizan y cómo se resuelve el final.

Pero hay que tener siempre claro un punto: contar una historia en el cine de ficción no es un documental.

Y a partir de ese aspecto, entonces, ¿cómo juntas de buena forma el condimento duro y político de la historia, con una narración que nunca pierde su atractivo?

– Lo primero. No se puede contar esta historia sin el contexto social y político, sin describir quiénes son las personas que participan en la trama. Si no, la película se trata sólo de cómo se hace un túnel. Y para eso mejor –insisto- hago un documental.

Lo segundo que tengo claro -siempre- es que no resulta ni necesario ni eficiente ser panfletarios para contar la historia. Sí nos interesa ser rigurosos. Por eso, creemos que los distintos personajes de la historia actúan como pudieron haberlo hecho en la realidad. La película no celebra ni reivindica. A mi juicio, los «bandos» que forman parte del argumento están presentados de manera precisa, con matices luminosos y oscuros.

Al final, lo que nos importa es que los personajes tengan alma propia, incluso con contradicciones. Entre los mismos presos hay mucho de eso, no son amigos, tienen profundas diferencias. Pero es muy interesante subrayar que -aún así- son capaces de llevar adelante un proyecto de altísima complejidad en conjunto.

Me parece interesante detallar el perfil de estas personas que logran hacer algo así. Sus motivaciones, tanto colectivas o políticas -como la reconquista de sus libertades y golpearle el ego a Pinochet- junto a sus motivaciones más personales, en cuyo espacio cada personaje aporta con su propio conflicto interno, su propia razón para escapar.

La tarea narrativa, entonces, implica contar quiénes son estas personas, en qué contexto están. Todo eso tiene que ser mostrado en la película. Por cierto, junto a la acción, el suspenso, la historia pequeña, la historia más grande, el nexo con lo que está pasando afuera, las noticias, el atentado fallido a Pinochet, el atentado fallido en Los Queñes, todo formando parte de un entramado que tiene que irse mezclando bien.

En ese sentido la película parece poco usual en el cine chileno: casi todas sus historias y problemáticas emotivas quedan solucionadas en la propia trama. En general, el cine chileno trabaja con finales o elementos abiertos. ¿Trabajaste este proyecto así, dejando cerrados los círculos?

– Bueno, lo primero: conformamos un equipo central de guión de tres personas, como ya te había comentado: Loreto Caro, Susana Quiroz y yo. A ese grupo se suma la asesoría de Raúl Blanchet. Y más el aporte de sesenta cerebros de diversas profesiones que leyeron el texto y fueron haciendo variadas observaciones. De todo eso fuimos seleccionando los puntos que fortalecían la historia y así la pulimos una y otra vez. Eso implica un proceso de tres años. Ahora, lo que aprendimos como equipo nos permite hacer hoy eso mismo en mucho menos tiempo.

Cada opinión recibida sobre el guión es anotada. Y luego vamos viendo con Loreto y Susana qué nos hace sentido y qué no, de todos esos comentarios recibidos.

El montaje de la película se hace con el guión, de hecho. Y del momento en que leo el guión y veo el montaje me surge una sensación parecida a lo que me comentas. La película avanza redondita. No puede estar mala.

Alguna vez comentaste que cuando estuviste en Estados Unidos creaste un curso en el que se analiza la estructura emocional de las películas. Me imagino que aplicaste esa misma concepción en «Pacto de Fuga».

– Ah, claro. Sobre todo en el montaje. Es que parto de una base: las películas son la invitación a un viaje. A donde sea. Es un trayecto que se hace desde la emoción, pero en el que atraviesas por distintas informaciones.

Entonces, una película es una montaña rusa que junta información con emoción varias veces. El punto es elaborar bien el itinerario de ese viaje. Pixar, Steven Spielberg, Cristopher Nolan y Luc Besson, por ejemplo, saben de eso. En Francia, Inglaterra y -sobre todo- en India también, no por nada su Bollywood es una industria millonaria.

La música es otro elemento narrativo que se ocupa muy bien en la película, siempre fortalece la historia. No es un elemento distractivo.

– Es que la música –en general- me gusta mucho también, hago canciones, quiero sacar un disco. Soy rockero. Creo que eso me ayuda mucho a entenderla como parte de la narración. Trabajamos muy directamente con el compositor Juan Cristóbal Meza, que es un seco. Ha hecho muchas películas, pero es su primera de «acción». Y lo hace muy bien. Hablamos mucho y, efectivamente, su trabajo aporta completamente a la historia. Nuestra pega fue intensa, él es un tremendo profesional. En esta película la música es protagonista y muy aportativa.

En «Pacto de Fuga» se habla mucho al comienzo y luego vamos mutando en el entramado narrativo con la música. Incluimos también unos clips con Ana Tijoux y Los Prisioneros, alcanzando momentos muy intensos.

Es un proceso que se hace en el montaje, etapa en la que se toman muchas decisiones creativas para narrar. Aquí trabajamos muy en conjunto también con José Córdoba, el otro montajista. Una vez que armamos nuestro trabajo, mostramos las piezas al equipo. Se conversa y también se toman decisiones para seguir enriqueciendo el relato.

También te has referido en otras ocasiones a tu afición de ver muchas veces las mismas películas o series. ¿Aplicas en «Pacto de fuga» lo que vas sacando de esas experiencias?

– Es que se trata de una de mis obsesiones favoritas. Ver muchas, pero muchas veces las películas que me gustan. Más de 300 veces “Stars Wars”, casi 200 veces “Nueve reinas”, más de cien veces “El Lobo de Wall Street” o “Forrest Gump”, más de treinta veces cada capítulo de “Friends”. No sé, las películas de Martin Scorsese. En fin. Primero, por cierto, me entretengo viéndolas. Pero luego empieza el análisis.

Por qué los personajes hacen eso y no otra cosa, por qué se ocupa ese tono en la narración, por qué la cámara se queda en este detalle. Evidentemente me gusta mucho el cine gringo, pero también el latinoamericano y el español. «Abre los ojos», por ejemplo, es una tremenda película. Claramente me gusta más Alejandro Amenábar que Pedro Almodóvar.

Todos estos años viendo estas películas también hacen lo suyo al momento de armar y rodar «Pacto de Fuga” porque me permiten estudiar, leer, aprender y aplicar la intuición. No hay que olvidarse de ella, también guía mucho.

¿Actores y actrices que participan en la película son los que siempre pensaste para esos personajes?

– Mira, no fue un proceso difícil. El proyecto siempre les suena atractivo. Nuestra directora de casting Pilar Esdevic nos hace sugerencias y ahí voy viendo. Me junto con ellos, converso, analizamos cómo sacar el mejor provecho a cada personaje. Vamos logrando así un elenco de excelencia: su suma Roberto Farías, Francisca Gavilán, Amparo Noguera, Benjamín Vicuña. A todos les va pareciendo atractiva la historia, la manera en que la estamos trabajando. Nombres como los que comento validan completamente el proceso de casting.

Me han preguntado también si es difícil encabezar un grupo de actores tan destacados. Y la verdad es que mi experiencia con ellos es muy grata y provechosa. Creo que eso también se debe a que siempre tuve claro para dónde iba la película, constantemente pude responder cualquier duda de ellos y explicarles muy bien mis razones.

Desde afuera «Pacto de Fuga» parece una súper producción, pero -en rigor- suena como una película independiente. ¿Compartes la idea?

– Totalmente. Y es que es así. Somos una película independiente, distribuida por un estudio como Fox. Ellos no son co-productores. Hacemos un nexo antes de comenzar a rodar, les mostramos una síntesis de la película, les parece atractiva y nos ofrecen distribuirla en el mundo. Por cierto, les mostramos también el guión y le hacen observaciones, nosotros tomamos las que consideramos que ayudaba a la historia y nos permite llegar bien a la versión veinticinco del texto, que es la que comenzamos a filmar.

Hubo un trabajo riguroso de nuestra parte que sentimos muy valorado por parte de ellos. Pero me gusta subrayar que esta película es independiente, se financia gracias al aporte de mucha gente de manera privada que cree en el proyecto. Y, claro, en mí también.

Al comenzar esta tarea soy un director con experiencia en trabajos documentales, pero no en ficción. No es llegar y creer en mi trabajo. Por eso mi compromiso con todos quienes me apoyan es hacer una película con vocación de audiencia. O sea, vamos a armar una historia que sea cautivante, pero que también contenga capas de reflexión. La idea es que la gente vea la película y no la olvide.

¿Y cuáles han sido tus expectativas con “Pacto de Fuga”, David?

– El premio Nobel de Literatura portugués José Saramago dice «las expectativas matan la emoción»… Mi primera idea es que la gente quiera verla, que tenga ganas de exponerse a la película. Y si le gusta, que la recomiende. Ese es, más bien, mi deseo. Creo que es una historia que no deja indiferente a nadie. Que no debe desilusionar a nadie que pase las dos horas viéndola, porque hace sentir emociones. Y no se necesita estar de acuerdo con ninguno de los personajes.

A mi juicio, y sin ánimo de hacer spoiler, el final de la película parece un poco abrupto. ¿Compartes la impresión?

– Te encuentro razón. Y es más: fue una decisión creativa hacer el final así. Me acordé de la película «La hora 25», dirigida por Henri Verneuil en 1967. Esta basada en el libro del mismo nombre. El personaje central lo encarna en la película Anthony Quinn. Se trata de una persona que ha pasado por varios campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Al final, cuando -finalmente- es libre, unos periodistas le piden una sonrisa para tomarle una foto y el personaje no sabe reír. No se acuerda.

Aquí en «Pacto de fuga» pasa algo similar. Los presos logran la libertad, pero en realidad qué tipo de libertad. ¿Van a salir a jugar con sus hijos a la plaza? ¿Van a andar caminando con sus padres? Es un escape que deja más preguntas que certezas.

22
0

0 Comments

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*