Artista plástica peruana Ruth Enciso y sus caminos por el surrealismo: «Nos dejamos llevar por una simple envoltura que no permite ver más allá»

(Por María Luz Crevoisier, desde Perú)

¿Cuándo y por qué surge el surrealismo? Tendríamos que hacer un racconto moderado hasta Francia de la Primera Guerra Mundial. Allí, los artistas -esos eternos cuestionadores del sistema- se rebelan contra la gran matanza y muestran su descontento a través de exposiciones, recitales y escenificaciones que dejan de tener el sello clásico de lo estéticamente permitido, innovando en estilos y conceptos.

Así, casi como al descuido,surge el dadaísmo, antecedente más remoto del surrealismo, con el escritor y teórico francés André Bretón y el artista plástico franco-estadounidense Marcel Duchamp a la cabeza, siendo el 5 de febrero de 1916 la fecha inaugural del movimiento, con una exposición realizada en el Cabaret Voltaire.

Tiempo más tarde aparece de lleno el surrealismo, movimiento que gira entre lo absurdo y lo onírico (influido quizá por los teorías psicoanalíticas freudianas y de Emil Kraepelan o Karl Jaspers), siendo sus principales adalides, los pintores Salvador Dalí (España), René Magritte (Bélgica) y Max Ernest (ALemania-Francia). Un antecedente más antiguo es el cuadro del belga Pieter Brueghel el Viejo llamado “La loca Meg”(1532).

Obra de César Moro

El gran poeta español Federico Lorca, también se contagia de surrealismo y construye bellísimos versos bajo esa influencia.

La corriente extiende sus influencias por el mundo entero y viaja a América, siendo México el punto más reconocido hacia 1949. Sin embargo, antes -durante el año 1935- en Lima un grupo de adelantados artistas locales -encabezados por César Moro y Emilio Westphalen- organizan la primera exposición surrealista en Hispanoamérica, experiencia que se repite en México cinco años después y que sienta las bases de esta escuela, con el mismo Moro, pero luego acompañado por Breton y el austro-mexicano Wolfgang Paaten.

Más hacia la zona austral, el chileno Roberto Matta se mete también de lleno en la disciplina surrealista, luciendo su arte en Estados Unidos y Europa.

Perú en imágenes surrealistas

Aquí en el Perú se realizan muchas derivaciones del surrealismo, convirtiéndolo en andinista (destacándose los aportes del cusqueño Alberto Quintanilla y el cajamarquino Joan Alfaro), figurativo, abstraccionista y expresionista.

Nombres como el citado César Moro (1903/1956), Fernando de Szyszlo (1925/2017) y Tilsa Tschiya (1928/1984), son reconocidos internacionalmente, lo mismo que Gerardo Chávez. Ocupan también lugares importantes Ronald Campanoca, Alberto Dávila, Héctor Acevedo, Mónica Quijano, Manuel Adrianzén y Luis Eleazar Tamani.

Ruth Enciso

A esa línea de influencia responde la artista plástica limeña Ruth Enciso, quien le confiere a su temática una belleza estética muy singular, alejada de lo grotesco y chocante que -a veces- se percibe en la expresión surrealista. Enciso egresa el año 2005 de la Escuela Nacional de Bellas Artes, siendo especialista en Dibujo y Pintura.

Desarrolla sus figuras buscando la armonía de formas y el equilibrio entre el color y la textura. Sus féminas sin rostro, denotan quietud y cierto estaticismo, mientras que los caballos, aparte de su presencia representada como figuras de gran belleza, destacan vigor e intenso movimiento.

La pandemia y cuarentena, experiencias singulares a nivel mundial, no frenan su labor y desde su confinamiento en una provincia liberteña, ejecuta nuevos trazos y está sumida en otras inspiraciones como el canto y la declamación. Este es el resumen de una conversación con la artista vía on line, realizada -eso sí- en Perú.

¿Por qué escogiste el surrealismo como forma de expresión?

– Siempre me gustó. Desde pequeña admiraba las obras de los grandes pintores de esta corriente, me llamaban mucho la atención porque eran diferentes a la realidad. El Bosco, Salvador Dalí, Giorgio de Chirico, Marx Ernst, René Magritte y Carlos Revilla, entre otros, son mis referentes.

¿Cuáles son las técnicas que utilizas?

Ruth Enciso / La Dama del Juego de Mesa

– Generalmente mi técnica es al óleo, en los últimos años es la fómula que más he utilizado. Aunque en el proceso también uso el acrílico. Mis bocetos, por ejemplo, trato de hacerlos lo más parecidos a lo que es la obra final y ahí uso acuarelas, acrílico y lápices de color, entre otros. Pero la técnica que más me gusta es el óleo.

En tus cuadros llama la atención que las mujeres no muestran sus rostros, a diferencia –por ejemplo- de una niña. ¿Qué buscas plantear con eso?

– El tema de mi último proyecto –«Habitantes de mi mundo», que se hizo realidad el año pasado cuando expuse en la Galería Mansión Eiffel- es la mujer. Algo que identifica mi pintura en general es el espacio vacío que muestran mis personajes en el rostro. Creo que no siempre reflejamos lo que verdaderamente somos, nos dejamos llevar por una simple envoltura que es algo superficial, que no deja ver lo que hay más allá.

Por eso el espacio vacío, ese hoyo, porque quiero mostrar otras cosas que me parecen más importantes que un rostro,  y que -a simple vista- no se ven: las emociones o los sentimientos que escondemos. En la muestra de Eiffel, la única pintura que tenía rostro -efectivamente- es una niña, porque creo que los niños son los únicos que reflejan transparencia, inocencia y ternura.

Observando tu obra destacan también los caballos, ¿siempre te han gustado? ¿A partir de cuándo empiezas a pintarlos?

– Siempre me han gustado, desde muy pequeña. He crecido viéndolos en mi familia. Mi abuelo y mi padre tenían caballos, mi madre y mi abuela también. De hecho, a uno de los que pinté le puse el nombre del caballo de mi papá, «Tordo». Un día, recuerdo bien que agarré una cartulina y me puse a pintar un caballo. Como me encanta el surrealismo, al final resulta uno muy diferente a los demás, poco a poco lo fui transformando, tenía su hermoso cuello medio metálico color oro y sus crines eran llevados por el viento. Lo llamé «Relámpago», ese es el primero, luego vienen «Tordo y Lersa», «Terán y Mirna», «Altea en el Valle de los Espirales», «El pacto de amor de Alnair» y «Meisa, Sirius y Atria en el Arco de las Burbujas», entre otros tantos.

De esta forma comienzo a crear un mundo especial para ellos, con lugares donde habitan mis queridos caballos surrealistas. Ellos hacen mi sueño realidad cuando organizo mi primera exposición individual en la ciudad del Cusco. Es una etapa muy bonita en mi pintura; pero, estoy pensando seriamente en volver a pintar caballos, me gustaría hacer otra exposición teniéndolos como tema principal.

Ruth Enciso / Tordo y Lersa

¿Cómo ves el panorama de las artes plásticas hoy en el Perú? ¿Como se da la dinámica artística en la Región Libertad? ¿Se promueve a los artistas plásticos de provincias?

– Veo una infinidad de temáticas en el trabajo de cada artista peruano en la actualidad, sobre todo aspectos críticos en lo que tiene que ver con la violencia, la política, lo social, etc. Creo que se está dando poco a poco un espacio al artista a través de los medios, que antes no había. Por otro lado, aparte de los centros culturales y galerías, tenemos ahora más opciones de mostrar nuestro arte a través de las redes sociales, lo que nos permite llegar al público, aunque no de una manera presencial, pero al menos siento que nuestro arte es apreciado.

Aquí en el norte del Perú sí promueven al artista, incluso hay festivales como el de Trujillo, se está tratando de dinamizar esta actividad pero depende mucho también del artista, de estar pendientes de las oportunidades que se presentan, de las convocatorias de arte, etc.

¿Qué corrientes o tendencias predominan en el ambiente artístico peruano, a  tu juicio?

– Menciono la costumbrista con Pancho Fierro a la cabeza; el academismo, con Francisco Lazo y Luis Montero, cuya obra «Los funerales de Atahualpa» es muy conocida. El neoacademismo, con Carlos Baca Flor, Daniel Hernández quien fue el primer director de mi alma mater, la Escuela Nacional de Bellas Artes; también tenemos a Teófilo Castillo.

En el indigenismo destacan José Sabogal y Camilo Blas, entre otros. También tenemos el nativismo, con Mario Urteaga. En el modernismo, en tanto, ubicamos a Sabino Springett, Sérvulo Gutiérrez y Víctor Humareda. En lo que a arte contemporáneo se refiere tenemos a Gerardo Chávez, un maestro del surrealismo peruano, Tilsa Tsuchiya, Sérvulo Gutierrez, Fernando de Szyszlo, Luis Palao y Milner Cajahuaringa, entre muchos otros grandes maestros.

Ruth Enciso / Las Hijas del Valle de Las Esferas

En el contexto actual de la pandemia, ¿estás pensando en hacer exposiciones virtuales?

– Sí, en rigor es lo que la mayoría de los artistas estamos haciendo ahora. Hemos visto otras maneras de seguir exponiendo nuestro trabajo. Este tema de la pandemia ha hecho que busquemos otras formas de darnos a conocer, a través de los medios virtuales.

Escogiste la interpretación vocal antes que las artes plásticas, incluso grabaste algunos discos. ¿Por qué dejaste esta actividad?

– El canto siempre me ha gustado y ha ido a la par con la pintura. No soy una cantante profesional, eso sí: sólo lo hago porque me gusta, aunque he tenido maestros de canto, a quienes agradezco mucho lo que me enseñaron. Sin duda, es otra de mis pasiones. Lamentablemente para mí, hace ya varios años que he dejado de cantar, específicamente desde el 2014. He grabado un disco, pero para mí, ja, ja… Para tenerlo como recuerdo de que alguna vez canté.

Dejé de cantar a raíz de que me mudé fuera de Lima, fue muy duro para mí, pues es una de las cosas que más me gusta hacer. En donde vivía no había las oportunidades de cantar como lo hacía en Lima, los últimos años antes de dejar el canto me dediqué al canto coral, cómo olvidar al Cofili (Coro Filarmónico de Lima) en el que aprendí a amar esta expresión y conocí al gran maestro director de Coros Héctor Palomino Ludeña, de quien aprendí mucho, una gran persona a quien aprecio y tengo un gran cariño. Tengo que agradecer mucho también a su hija, la gran soprano Rosalinda Palomino, por todo lo que me enseñó. Sin duda, una gran maestra.

¿La declamación también forma parte de tu carrera artística o es solamente un complemento?

La declamación también es otra de mis pasiones, siempre me gustó, sólo que la mantuve dormida por muchos años. Hasta que decidí liberarla del encierro, ja, ja… Sí, creo que sí, es parte también de mi carrera artística. Al menos eso es lo que quiero, pienso seguir con ella a la par que con la pintura.

 

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