Escritor chileno José Luis Rosasco: «Los gobiernos de la Concertación van a dejar al país culturalmente muy al día»

«Francisca, yo te amo» (1988), «Dónde estás, Constanza» (1980), «La niña azul» (1997) e «Historias de amor y adolescencia» (1986) constituyen lecturas ya clásicas en varias generaciones de chilen@s. Su autor, José Luis Rosasco,  es un particular escritor nacional que -formando parte activa de la intelectualidad literaria de los años 60- no se siente cómodo con las ideas de izquierda y tempranamente se hace llamar «liberal».

Desarrolla una narrativa moderna y atractiva, que cultiva en cuentos y novelas. A comienzos de los años 80 se especializa en la literatura juvenil y sus publicaciones se re-editan constantemente hasta en la actualidad. «Estos libros me tienen cautivo, pero en un cautiverio feliz. Me llegan cartas constantemente de lectoras y lectores que se sienten identificados con los personajes», comenta a Cultura y Tendencias en nuestra edición No. 15 en papel (septiembre 2001).

En esa oportunidad nos señala que «la adolescencia es un período seductor, uno nunca más vuelve a ser así. Es una etapa que se relaciona con el amor, la familia, es un período cucarro, anfibio, en el que se está y no está, no es un período feliz, pero casi no hay literatura que sea feliz. La adolescencia no tiene la armonía de la felicidad madura, pero sí tiene la intensidad».

Este sábado 18 de abril, justo en el Mes del Libro, la familia de Rosasco comunica la muerte del reconocido escritor. Además de su destacada vida literaria, el autor se considera un «activo liberal»: es uno de los fundadores del partido de derecha Renovación Nacional en 1987, siendo concejal durante años en la municipalidad de Ñuñoa, comuna en la que vive casi toda su existencia.

En Cultura y Tendencias guardamos un grato recuerdo de la entrevista publicada en la citada edición en papel. Ahí la temática se centra en cómo la derecha comienza a dar pasos concretos de acercamiento hacia la cultura. La conversación se da a poco menos de un año de las elecciones municipales del año 2000, oportunidad en que la alianza opositora en ese momento obtiene un importante triunfo.

Ante eso, Rosasco observa que su sector tiene una gran oportunidad de desarrollar proyectos culturales: «Es un buque que hay que echarlo a caminar con todas las naves. Hay tres mástiles: Los municipios, los artistas y los hombres del dinero. La izquierda no tiene la posibilidad de poseer estos tres mástiles».

A pesar de la frase, su mirada no es triunfalista. «En todo caso no hay que hacer tantas gárgaras y demos a conocer lo que tenemos para hacer en materia cultural».

Compartimos en formato web la conversación publicada, en señal de sencillo homenaje a un escritor que plantea aquí que no se siente «un narrador de derecha». La entrevista está a cargo de nuestro asesor periodístico Patricio Paredes Cid.

Revista Cultura y Tendencias, edición papel. Número 15, septiembre 2001. Páginas 24 a 26.

Usted se ha referido en varias oportunidades a que la derecha debe desarrollar también propuestas en el ámbito cultural ¿cómo observa ese proceso en los últimos años?

– Creo que es muy necesario que la derecha chilena tenga una presencia mayor en la estructura cultural del país. Especialmente, a nivel municipal, pues una parte importante del país se encuentra con alcaldías de derecha y eso permite hacer cosas. Nuestro sector debiera dedicarse más a realizar actividades en este ámbito al que ha ido llegando por el sufragio universal. Y no a criticar lo que hace el otro. Para realizar cosas vinculadas con la cultura están funcionando estructuras en Ñuñoa, Providencia y Las Condes, que tienen un interés real de colocar ingresos en este ámbito.

Siempre pone como ejemplo lo que se realiza en Ñuñoa, su comuna…

– En Ñuñoa, en el teatro California todo es gratis: danza, teatro, orquestas musicales. De hecho, todas las comunas debieran tener un teatro municipal en el que todo fuese gratis. Estamos en un buen momento en que la derecha puede demostrar que tiene un interés profundo por la cultura, pues en el pasado no ha mostrado eficacia en esta materia.

De hecho, ha dicho que “la derecha está en deuda con la cultura en Chile”

– Sí, es una manera de decirlo, pero no es que no se haya hecho nada, toda la estructura universitaria es producto de la puerta abierta del régimen militar a la libertad educacional y la derecha tiene que aprovechar que tiene el dinero, los municipios y las grandes poblaciones del país. Concepción, La Florida, en fin. Es estimulante que así sea. Hay que tomar las matices de las corporaciones culturales de los municipios que funcionan de manera flamante y adicionarles otras ideas.

¿Cómo ha visto la Administración Lagos en lo referente a este tema?

– Creo que en este ámbito no hay que estar buscando enemigos. Se debe reconocer el enorme interés del gobierno de Lagos y del mismo presidente. En el año que lleva lo ha demostrado, por todo lo que viene de la burocracia estatal hacia la cultura. Antes de empezar a criticar hay que celebrar el interés del mandatario.

¿Entonces usted no evalúa tan mal el desempeño del gobierno en lo cultural?

– No, porque los gobiernos de la Concertación van a dejar al país culturalmente muy al día. La ley de filiación, el levantamiento de la censura, la ley de divorcio, la píldora del día después. Todos estos materiales de la cultura van a dejar al país muy oxigenado. Hay que celebrar el embrión liberal de esta coalición. Todo esto es una buena herencia de los gobiernos de la Concertación. También la prioridad del gobierno de Lagos a los que hacen cultura, entonces no tenemos que pensar en enemigos. Claro que se pueden hacer críticas, como -por ejemplo- decir que la estructura cultural es un tanto centralizada. Hay que descentralizar, escojamos las iniciativas localmente, ahí hay mucho que hacer.

¿Cuáles son los proyectos concretos que la derecha puede hacer en el terreno cultural?

– Si bien no estamos en el gobierno, podemos hacer mucho desde las municipalidades. Tenemos esa estructura política que son las alcaldías, tenemos la geografía y tenemos la gente. Hay que seguir la línea de Ñuñoa, en donde los presupuestos para la cultura son enormes, eso hay que hacerlo prioritariamente. Pero no partamos al revés, no estamos en un think thank para analizar lo que hace o no hace el gobierno, estamos para echar a caminar proyectos y darle ejemplos al gobierno. Lo criticable es mínimo, en el grueso del fenómeno es evidente de que los gobiernos de la Concertación han sido ejemplo de interés por la cultura.

¿Es posible, entonces, señalar que ya existen iniciativas culturales en los municipios de derecha?

– En eso estamos, este es un tema que nos interesa, y vamos a trabajar juntos. Aquí en Ñuñoa no se le ve el carné a nadie. Si no fuera así, tampoco tendríamos mucho donde escoger (risas). Debemos empezar a sacar a la luz los proyectos que tenemos, que son muy buenos, no hagamos tantas gárgaras y demos a conocer lo que tenemos. En Providencia se está ampliando mucho el plasma cultural, la Universidad de Ñuñoa es otro buen ejemplo, en Vitacura hay una Corporación Cultural interesante; no puede ser que comunas ricas estén contando el peso.

¿Usted se siente un narrador de derecha?

– Principalmente soy un ciudadano, fundador de Renovación Nacional sí, pero yo no escribo sobre la derecha o sobre la izquierda, a mí no me interesa la vida cívica, política ni militar chilena. Para nada. No es mi tema. Mi literatura no pasa por la coordenada política.

¿Se ha sentido discriminado por sus pares o por los gobiernos de la Concertación, por ser de derecha?

– No, nunca, en absoluto, porque las distinciones que he obtenido, la presencia en la comunidad nacional, en los liceos y en la lectura de los jóvenes de mi país, no me han hecho pensar en ninguna discriminación. He tenido –por cierto- discusiones con gente de pensamiento socialista agudo, pero no. Al contrario, además que mi postura es conocida desde mi adolescencia, por lo que no he tenido que convencer a nadie, y nadie se ha sorprendido con mi posición.

¿Siempre la cultura ha estado ligada a la izquierda, cómo ve este fenómeno, por qué cree que se produce?

– Eso está cambiando, hoy día no es ayer, el humanismo socialista, claro, es muy seductor, y ciertamente a eso se debe la adhesión del artista presumiblemente sensible. La vocación humanista del socialismo es muy difícil de empatar. El sistema liberal económico que yo suscribo es eficaz, tiene la eficiencia que el socialismo no tuvo. El estado socialista es de la prehistoria. Hay en el mundo un ensamble. Hoy no hay ningún dirigente de extrema derecha en el mundo que no hable de la medicina, de la educación, de la sensibilidad social. El tema ya esta ahí, en la plaza pública de la derecha. Además, hay una posibilidad armónica de trabajar. Yo suscribo al ala liberal de mi partido. Una de las cosas seductoras de mi partido es que es más desordenado, hay más pluralidad. Hay desde personas que pueden ser bastante cavernarias, a otras con actitudes casi revolucionarias. Yo me siento muy bien aquí.

¿Reconoce en Octavio Paz o en Mario Vargas Llosa a dos hombres de su pensamiento que han marcado un derrotero en lo cultural?

– Vargas Llosa nunca va a ser un hombre de extrema derecha, pero es un hombre que estima que la situación de Fidel Castro es residual, por ejemplo. A diferencia de muchos escritores que pensaron que el futuro del mundo estaba en las democracias populares, en el marxismo.

¿Concuerda con la apreciación de que es muy corriente pensar que el escritor es un hombre de izquierda?

– El escritor puede estar mayoritariamente ligado a la izquierda, renovada o no renovada, eso continúa, aunque sí creo que está cambiando, ya no hay un antagonismo ni una manera totalitaria de pensar. No hay buenos ni malos. Porque a los escritores que les tocó el exilio en las democracias populares vieron lo que era eso. Esos gobiernos se cayeron de podridamente malos en cuanto a la eficacia, al progreso.

El Instituto Libertad -de su partido político- criticó fuertemente el encuentro Chilepoesía, incluso lo tildó como una “bella forma de hacer política partidista”, ¿cómo lo encontró usted?

– Estuvo muy bien, no concuerdo con el Instituto Libertad. No me gustaron, en cambio, los cabildos culturales que estaban hechos por un político. Ese es el modo del gobernar de ellos. Yo tengo que mostrarles cual es el mío. Si yo tengo poder a través de municipalidades y de la derecha económica, es posible entonces concatenar la empresa privada con la política y con el artista, y quien puede ocupar estos tres surtidores es la derecha.

¿Cree usted, José Luis, que la derecha económica está realmente interesada en apoyar iniciativas de carácter cultural?

– A la derecha económica le va interesando cada vez más la cultura. Existe el deseo de estar presentes en todas las áreas de la comunidad. Creo, en todo caso, que aún no les interesa lo suficiente, pero este es un buque que hay que echarlo a caminar con todas las naves. Hay tres mástiles: Los municipios, los artistas y los hombres del dinero. La izquierda no tiene la posibilidad de poseer estos tres mástiles.

¿Qué le parecen las “fiestas populares” que ha impulsado el gobierno en el último tiempo?

– Todas estas convocatorias masivas son saludables, pero que no se destruya la ciudad, pues no podemos convertir un sector en una chunga. Yo no tengo nada contra lo populachero, creo que es bueno, basta mirar la alegría de la gente, de las familias que van. Eso le hace bien a este pueblo melancólico, tener un actitud académica, en cambio, me parece abominable porque Shakespeare no hizo eso; su teatro lo hizo para todos, pues el noventa por ciento que lo veían eran analfabetos.

25
0

0 Comments

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*