Profesora Camila Urzúa y la enseñanza del arte en Chile: «Integrar saberes no sólo es necesario, es urgente»

Aunque la idea de la «educación por el arte» surge en Chile a comienzos del siglo XX, no es si no en la década de los 60 en que la dinámica encuentra espacios para desarrollarse. Surgen variadas experiencias, especialmente a nivel universitario, que buscan dotar de elementos creativos a la tradicional enseñanza en los colegios.

Como base conceptual, la filosofía clásica ha señalado las ventajas de sumar lo artístico en el proceso educativo: Platón -por ejemplo- plantea que el arte debe ser la base de toda expresión docente. «La belleza, la armonía, la gracia y el discurso son expresión de la bondad del alma», dice.

Y enfatiza: «Necesitamos buscar artistas hábiles, capaces de seguir las huellas de la naturaleza de lo bello y de lo gracioso, para que nuestros jóvenes, criados entre sus obras como en un ambiente puro y sano, reciban sin cesar de ellas saludables impresiones por ojos y oídos, y que desde la infancia todo les mueva insensiblemente a imitar, a amar lo hermoso y a establecer entre ello y ellos mismos un perfecto acorde. No habría nada mejor que semejante educación».

El enfoque de enseñanza que toma Chile a partir de los años 80, sin embargo, deja en el margen las potencialidades del arte, centrando la instrucción en contenidos que permitan alcanzar objetivos concretos y mediatos: pruebas de selección universitaria, test con alternativas, contenidos aprendidos.

Todas las virtudes que anota Platón entre la dinámica educativa y lo artístico no forman parte de los contenidos oficiales en los colegios del sistema chileno, tanto en el ámbito privado como en el público. Sin embargo, a pesar de eso, constantemente se desarrolla un caudal de energías creativas en niños y adolescentes en edad escolar que buscan expresarse a través de variadas fuentes artísticas.

La mayoría, lamentablemente, se trunca en el esquema educativo limitado que se ve en la gran mayoría de los establecimientos del país. Aunque, claro, siempre hay espacios que resisten las fuertes olas oficiales.

Camila Urzúa es Licenciada en Artes, con Mención en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile. Desarrolla labores docentes en el Instituto Artístico de Estudios Secundarios de la citada casa de estudios, Isuch. Ahí niños y jóvenes reciben su instrucción educativa clásica, pero -además- sus potentes talentos artísticos en música, danza y artes visuales son fortalecidos con un enfoque especializado.

La profesional destaca que a través del pensamiento artístico -sea una persona artista o no- la realidad no es representada sino que es interpelada, resignificada y ampliada, por lo que integrar este concepto a la educación es de particular relevancia.

Existen, al menos, dos grandes enfoques en la enseñanza del arte: una es «a través de las artes» y otra es «en las artes». A su juicio, a partir de estas ópticas, ¿cuál es la importancia de considerar lo creativo en la enseñanza de niños y jóvenes? 

– El arte amplía las posibilidades de lo humano. Partiendo de esa base, la enseñanza del arte -ya sea “a través de ella” o “en ella”- es absolutamente crucial. Quizá, incluso antes de hablar de enseñanza de las artes -entendiendo desde ahí la incorporación de un conocimiento y/o práctica al conjunto de saberes fundamentales para el desarrollo del ser humano- debiésemos hablar de la necesidad de no separar al ser humano del conjunto de prácticas y/o saberes que le son constitutivos. Las dinámicas artísticas son absolutamente constitutivas del ser humano, intrínsecas y atávicas, han sido desde los albores de la humanidad formas de conocimiento hacia lo real y de construcción de lo social, y lo seguirán siendo.

Si las niñas y los niños no son separados de lo que les es propio y se integran dimensiones de las prácticas artísticas en todo el currículo escolar, es decir, que a través del arte puedan ser enseñadas diferentes asignaturas, se genera una integración que no sólo faculta el aprendizaje sino que optimiza su modo de acceso.

Esta base es la que, a su vez, permite la profundización de la enseñanza en el arte como disciplina específica. Si un joven ha sido separado de un saber que le es propio, o no ha tenido un acercamiento adecuado hacia diferentes prácticas artísticas o ha tenido un acceso límitado a espacios destinados al arte ¿cómo profundizar? ¿cómo acceder a una enseñanza más específica cuando no se ha tenido una enseñanza general? ¿Cómo reconocer en el arte una posibilidad si nunca me la dieron como alternativa?

Lo cierto es que muchas veces entender la disciplina artística como una posibilidad efectiva, como un espacio real y necesario, lamentablemente, se ha transformado en un privilegio.

En lo que se conoce como «mundo adulto» las matemáticas, la ciencia y el lenguaje concentran el mayor interés a la hora de destacar la educación en sus hijos. ¿De qué manera la enseñanza del arte debe hacer frente a este tipo de prejuicios?

– Existe una jerarquía de saberes que en ningún caso debe ser entendida como algo baladí o azaroso: esa jerarquía es funcional a un sistema específico y que actualmente somos testigos de cómo comienza a colapsar. Ahora, esto no significa que haya que demonizar contenidos, por supuesto que no, debemos pensar por qué se han privilegiado unos en detrimento de otros, por qué creemos que hay -supuestamente- conocimientos más válidos que otros.

El aspecto principal es pensar por qué todos los contenidos han sido separados de manera que parecen resolverse en burbujas aisladas, que no llegan a integrarse en ningún momento del aprendizaje ni de la realidad. Aprendemos a entender el entorno como una suma de eventos aislados que responden sólo a sí mismos y es ahí donde el arte tiene – particularmente- mucho que enseñarnos porque la practica artística puede desarrollar metodologías capaces de integrar diferentes contenidos y saberes de forma consciente.

La dinámica artística genera, literalmente, sujetos íntegros. Y si de estadísticas hablamos, muchos de los países que se conocen como desarrollados han entendido y posicionado este tipo de saberes como punta de flecha de una educación de calidad. Especialmente han entendido cómo favorece, por ejemplo, procesos cognitivos en niños y niñas mediante la estimulación temprana o conceptos como la autoafirmación, empatía y pensamiento crítico en adolescentes, características cruciales para un crecimiento sano tanto a nivel individual como social.

A esto debemos sumar el hecho de que vivimos en un tiempo histórico de gran circulación de imágenes por tanto la alfabetización visual, es decir, el saber interpretar imágenes, es tan relevante como saber leer y escribir.

En última instancia, si pese a toda la evidencia alguien insiste en que el arte es un contenido transable dentro de la jerarquía de saberes, tal vez deberíamos invitar a esa persona a imaginar un día de su vida borrando de sus esperiencias cualquier dimensión tocada por el arte. Sería interesante saber qué le queda.

Las experiencias exitosas del arte con la educación subrayan esta dimensión integral…

– Es que entre los principales elementos positivos de la educación artística en las personas está, precisamente, la capacidad de integrar, explorar y reflexionar diferentes contenidos: filosofía, política, matemáticas, historia, biología, etcétera.

La facultad de imbricar lo cognitivo y lo emocional en un solo cuerpo, ya sea sonoro, visual o físico. Entender cómo las partes atraviesan el todo y viceversa, lo cual permite alcanzar mayores niveles de conciencia. Recordemos que parte de la crisis que vive la sociedad chilena se genera a partir de la escisión entre el desarrollo económico y humano. Así, en ese contexto, apelar a una educación que integre saberes no sólo es necesario sino que es urgente.

Por otro lado, la educación artística desarrolla una forma de pensamiento específico que es -justamente- el pensamiento artístico, que posibilita un modo singular de aproximación hacia lo real; toda persona debiese tener acceso a esto, sea o no artista. Mediante el pensamiento artístico la realidad no es representada sino que es interpelada, resignifiada y ampliada, de ahí su relevancia.

El arte no sólo nos habla de lo que ha ocurrido, ni de lo que ocurre, el arte es la lengua de lo impronunciable, relaciona lo improbable, señala lo invisibilizado. Donde la vida cierra, el arte abre. Es nuestro derecho de fuga y ningún modelo educativo debiese privarnos de un saber que es capaz de cambiar lo real por lo posible.

Pensando en la dinámica artística como desarrollo profesional en Chile: ¿Cuál es su mirada en torno a su enseñanza y cómo observa la manera en que la sociedad considera al arte como profesión?

– Existe una gran deuda con los trabajadores del arte en Chile. Pese a su vital importancia, la dinámica artística ha sido históricamente castigada con la precarización. Tanto dentro de las instituciones educacionales que forman artistas, pasando por los espacios destinados al arte como museos y teatros, además de quienes trabajamos ligados al área con escasa o nula protección social, hasta -incluso- los procesos de creación que han quedado condicionados a la modalidad de proyecto concursable.

Dentro de este escenario, visibilizar la importancia de la educación artística desde la niñez es crucial para exigir políticas estructurales que favorezcan el fomento del arte en Chile y -por sobre todo- que favorezcan el entendimiento del arte en tanto práctica fundamental para el desarrollo de la sociedad. Probablemente este entendimiento sirva para fortalecer el campo de trabajo de los profesionales del arte, reconociendo y poniendo en valor sus saberes. Creo que estamos en el camino.

¿De qué forma los entornos familiares, que no siempre se encuentran en sintonía con la enseñanza artística, pueden facilitar esos procesos en los jóvenes creativos?

– Creo que escuchar y dar espacio es importante. Si escuchamos lo que las niñas y niños tienen para decir sobre lo que piensan o realizan, aún cuando no tengamos sintonía con la enseñanza artística, podremos entenderlos y encontrar sentido a su trabajo.

Generalmente la creación artística es un proceso en donde hay mucho ensayo y error, y donde los trabajos suelen estar insertos dentro de series de ejercicios. Si ponemos, por tanto, atención en el proceso del niño o niña, es decir en la serie de ejercicios y reflexiones que los llevan a un resultado, se nos hará más fácil apoyarlos, porque probablemente sabremos hacia dónde dirigir ese apoyo.

Profesora Camila Urzúa, Licenciada en Artes, Mención en Teoría e Historia del Arte, Universidad de Chile.

¿Existe una «mejor manera» en que los niñ@s y adolescentes que tienen alguna característica artística se relacionen con ese talento?

– La verdad es que no creo que exista una “mejor manera» porque las niñas y niños son distintos entre sí, tengan inclinaciones artísticas o no. Lo fundamental es entender y aceptar su singularidad para encontrar, a partir de eso, la manera.

Sin embargo, creo que -en líneas generales- hay que saber desde pequeñ@ que el talento sólo tiene sentido cuando hay trabajo detrás. Entonces, los jóvenes se deben vincular con el talento a partir del trabajo, la disciplina, deben querer aprender y sentirse seguros de sus procesos, ser pacientes. Y, por supuesto, no confundir la autoestima con el ego.

Una autoestima fortalecida es fundamental, que ell@s sientan que su trabajo es valorado, que entiendan que se ensaya, practica y trabaja mucho no porque se es insuficiente, sino porque siempre se puede ir más profundo. Por el contrario, alimentar el ego sólo estanca procesos, limita aprendizajes. El ego encierra, la autoestima da libertad y – finalmente- toda creación requiere eso: libertad.

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1 Comment

  1. Pete Rodriguez 28/05/2021 Reply

    Está muy bueno!!

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