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Pablo Perelman, director de “Imagen latente” PDF Imprimir E-Mail

“Los cabros sienten una conexión emocional con esta película”

Hace dos décadas, en los últimos momentos de Pinochet y a sólo meses del plebiscito del Sí y del No, la película “Imagen latente” fue totalmente prohibida por el Consejo de Calificación Cinematográfica. Sin una razón específica, el filme de Pablo Perelman quedaba vetado para el público chileno.

La decisión fue considerada como el colmo del abuso de poder, en circunstancias que la sociedad chilena ya estaba encaminada en la reconquista de la democracia. Se organizaron protestas, hubo debates, los medios de comunicación tuvieron que dar espacios ante tanta presión de la gente. Veinte años despues, Perelman destaca que el filme mantiene sus méritos propios.

El director reivindica el hecho de que la película logra abordar el tema de la dictadura desde una manera emocionalmente cercana a los jóvenes de hoy. “Un cabro de veinte años hoy ve esta historia que le pasa a otro cabro de veinte años en dictadura y hace una conexión”, recalca. Y critica el hecho de que en el país el arte aún no se use como una forma potente de generar reflexión, debate y discusión pública.

Es curioso que el nombre de la película sirva aún hoy como un gran título para resumir lo que ha significado para los chilenos pasar por la dictadura militar: evidentemente se trata de una “Imagen latente”. ¿Cómo ves hoy el filme a partir de la perspectiva de dos décadas?

- Mi relación con la película no es muy objetiva, obviamente, pero dentro del plano que me planteas lo que a mí me conmueve y me llama mucho la atención es que hay personas muy jóvenes que han visto el filme hoy y les significa una fuente de conocimiento especialmente precisa de lo que fue la dictaduraMe parece que hay una evidente carencia de información sobre este período, me refiero a una aproximación más de emociones, de estética, que es lo que debiera corresponderle al arte.

No es la información periodística la que falta. Ya se han creado y aceptado una serie de estereotipos sobre la dictadura y siempre la historia funciona así. Pero el que está interesado en algo más allá, en aproximarse al fenómeno de otra manera, definitivamente no está conforme con lo que hay. Lo que me llena de satisfacción es eso: que “Imagen latente” logra traspasar esa barrera y se transforma en una experiencia emotiva para la gente.

Hay un hastío en los jóvenes sobre el tema de la dictadura y eso ocurre porque faltan aproximaciones más artísticas, reflexiones que nazcan desde la emoción o la intimidad de lo que fue ese período tan duro.

De alguna forma, la película hace frente a esa dinámica nacional de no asumir que vivimos una dictadura hace muy pocos años, que todavía anda por ahí en los recuerdos que se quieren meter bajo la alfombra...

- El fenómeno de la negacion del pasado es natural cuando una sociedad vive traumas. Hay que pensar cuánto tiempo tomó Alemania para hablar, desde el cine, sobre el nazismo. Así, a vuelo de pájaro, podría decir que sólo tres décadas después Fassbinder es el primero que se mete en el tema. Aqui pasa lo mismo. “Imagen latente” sitúa un fenómeno que es algo así como un mito en la conciencia de los que no lo vivieron y lo ubica en un nivel de cotidianeidad.

La película origina un correlato muy profundo entre la generación de hoy con personas de su misma edad que aparecen en el filme. Un cabro de veinte años de hoy que ve esta historia que le pasa a otro cabro de veinte años en dictadura hace una conexión. Y ese puente actualmente no existe desde el arte. Creo que en Chile no tenemos el arte integrado con la reflexión. No nos gusta vernos a nostros mismos refljados en él.

Desde ese punto de vista, y aunque suene una barbaridad, creo que el cine chileno ha sido torpe. La literatura ha hecho mejor esa labor, pero todavía sin un gran impacto social. No hay una reflexión masiva a partir del arte en Chile. En particular, creo que el cine está demasiado contaminado por  la TV y esa constante banalización y prepotencia del bruto poderoso. Lo único que hace la TV es tergiversar los hechos sistemáticamente. El cine nacional se ha contagiado de eso.

La película fue prohibida por el Consejo de calificación Cinematográfica en 1988, en los últimos años de Pinochet, lo que derivó en un gran debate nacional. ¿Cómo fue para tí el impacto que generó la película en la gente?

- Sin duda alguna que el filme se potenció con la censura. Pero la verdad es que nunca pensé que lo iban a prohibir. Creía que lo planteado en la película no era distinto a lo que se comentaba en la opinión pública, en la prensa de oposición de esos años. No creí que se iban a arriesgar a un mayor descrédito político con algo así. Además, muy poca gente iba al cine, era uno de los períodos más negros para la actividad.

Vivíamos en una epoca en que ellos ejercían la fuerza y aprovechaban cualquier recurso que afirmara su poder con la sociedad, lo cual funcionó mientras la dinámica era cataclísmica como los primeros años, pero no al final cuando inexorablemente la dictadura terminaba, eran sólo algunos meses antes del plebicisto de 1988. Fue una reacción anacrónica, pero para a eso la película eso la potenció mucho. “Imagen latente” no es exclusivamente política, aunque -obviamente- tiene una dimensión en ese sentido.

Lo que yo reivindico es la potencia del arte y el acto de la prohibición le dio -además- una validez política inmediata. ¡Qué mejor, entonces, para ese momento que crear, a partir del arte, un hecho político y seguir socavando a la dictadura!

Los cineastas salieron a las calles a protestar, hubo debate público, una verdadera pequeña primnavera de Praga...

- Exactamente y lo más importante es que la vio mucha gente. Cuando finalmente se pudo exhibir, en el año 90, fue mucha gentea verla, más de 90.000 espectadores, una cifra impensable para la época y para una película nacional. Y también tuvo una tremenda distribución pirata. Como finalmente tuvo una dimensión política de lucha contra la dictadura, hubo de parte nuestra una cierta  promoción para que ello ocurriera así...

De todas formas la película en sí es cruda y fuertemente intimista, mal que mal parte de tu historia estaba ahí también....

- Sí y estoy seguro que eso resultó ser lo más peligroso para la dictadura. Creo que “Imagen latente” tiene muchos defectos, pero lo que no se puede negar es que está hecha desde la guata. No tenía ninguna posibilidad de no ser intimista frente al tema. Por lo mismo decidí no filtrar en absoluto mi experiencia. Y esa mirada, sin duda, causó lo que causó en las autoridades.

¿Y el proceso de filmación fue también especialmente colectivo?

- Fue una experiencia súper gratificadora, se creó un movimiento solidario muy potente, nadie cobró, nunca nadie pidió nada y -más aún.- el medio cinematográfico fue inmensamente solidario. Algunos nos pretaban latas de películas, otros movilización, luces, etcétera. Una vez que la película comenzó a tener entradas económicas, al comercializarse al extranjero, conformamos una especie de cooperativa informal en la que nos propusimos devolver el aporte que tanta gente nos hizo. Resultó ser una lista enorme de casi 200 personas. Lo hermoso es que mucha gente devolvió el cheque porque consideró absurdo cobrar algo.

¿Tuvieron alguna vez una amenaza? La filmación se hizo plenamente en Chile...

- La verdad es que no. Trabajamos con un nivel de clandestinidad habitual para los que éramos de oposición a los militares en ese tiempo. Obviamente que nos topamos muchas veces con autos de la CNI que nos peguntaron más de alguna vez en qué andábamos, nos aporvechamos de que los actores como Bastian Bodenhofer o Gloria Munchamayer hacían telenovelas en esos momentos para decir que estábamos filmando un comercial o un capítulo de telenovela.

El único momento tenso fue cuando, de acuerdo aal calendario de filmaciones, el día del atentado a Pinochet nosotros teníamos pauteada una escena y pasamos encerrados filmando pero con mucho susto. No hay que olvidar que a sólo horas de ocurrido eso, se produjo la muerte de cinco personas a manos de fuerzas de inteligencia. Pero fue sólo tensión. La verdad es que trabajamos todos muy comprometidos.

¿Y cómo fue la recepción en el extranjero?

- Siempre nos fue bien. La primera vez que la película se mostró al público fue en el Festival de Cine de La Habana en 1987. La copia que llevábamos era en 16 mm a doble banda, o sea, con el sonido separado, formato con el que no se podía dar en las salas del festival. Pero organizaron una exhibición, fuera de concurso, en un estudio de sonido del instituto del cine, y el lugar se repletó. La reacción al final debe ser una de las cosas más impactantes que he vivido, con muchas emociones y todavía me dan algunos escalofríos al acordarme. Aunque la película no entró al circuito oficial del festival, de todas formas los periodistas presentes le dieron un premio especial.

Crees, entonces, que la película ha envenjecido bien...

- No creo que sea una gran película, pero sí es un gran testimonio, con mucha intensidad e intimidad.

 
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